¿Tambien yo uso máscara?

¿TAMBIEN YO USO MÁSCARA?

No dejo de asombrarme de lo que la condición humana es capaz… y cada vez que llegan los carnavales… mi asombro aumenta. Es tan raro que de pronto todo sean jolgorios, disfraces y una especie de tapadera para que cada uno saque lo más recóndito y oculto de su interior… si se mira despacio, una se da cuenta de que salen las fobias, los rencores, las frustraciones que se llevan almacenadas en el corazón… A poco que observes ves que hay personas que se divierten sanamente y se disfrazan inocentemente, sin más pretensiones que divertirse y romper la rutina cotidiana, y hay otras que esperan a que lleguen estos días para “desfogarse” -así me lo han dicho- como si el resto del año estuvieran reprimidos y aprovecharan para quitarse un rato la máscara.

¿No sería más sencillo y más normal vivir siempre intensamente y no necesitar una fecha “especial” para sacar fuera lo que uno lleva reprimido? Si son sentimientos y deseos nobles y hermosos… ¿por qué reprimirlos? Y si no lo son, si son ofensivos, vulgares, perversos y soeces… ¿no sería mejor no darles nunca cabida en nuestro interior?

Carnaval es sinónimo de máscaras, de apariencias, de ficción… y a mí eso no me gusta nada. ¿Por qué no vivir a cara descubierta y sin temores, mostrando lo que de verdad tenemos dentro? ¿No es mejor, más sano y más digno ir viviendo poco a poco, cada día, llorando o riendo (lo que toque según las circunstancias) y no desatarse de pronto como si despertase de un letargo una fiera y se lanzara desbocada a todo y contra todo? ¿Por qué tiene que haber unos días en el año en que hay “permiso” para quitarnos la máscara que llevamos puesta todo el año? Precisamente en carnavales es cuando se supone que hay que ponérsela…

Pero lo más triste de todo es ese grupo que alimenta el resentimiento y el rencor y no quieren curarlo, sino sólo herir y agredir desde la burla y el sarcasmo, parapetándose en disfraces y en que “es Carnaval”. Como si eso significara que se ha abierto la veda para la venganza: su actitud las impulsa a una espiral de dolor y resentimiento que deshumaniza y al final… pasa factura: la factura del vacío existencial y la infelicidad más honda, aunque algunos nunca lo confiesen porque son cobardes y necesitarían otra máscara y otro carnaval para decirlo, para enfrentarse a la decepción que tienen de sí mismos.

Si nos disfrazamos… que sea con la inocencia de los niños, con la sencillez de quien simplemente cambia de atuendo para divertirse y pasarlo bien, como un juego inocente, sin segundas intenciones. Hagamos una opción sincera por la inocencia y la transparencia.

M. Olga María, cscj