Responsabilidad Electoral

RESPONSABILIDAD ELECTORAL

Nuevamente, como en otras ocasiones, cuando hay próximas unas Elecciones Generales, se percibe en el ambiente la inquietud, la incertidumbre… A mí me asaltan siempre las mismas preocupaciones: ¿de verdad nos movemos buscando el bien común? ¿se enfoca la acción política como un servicio a la sociedad?

Me asusta escuchar a mi alrededor los criterios por los que se rigen los españoles a la hora de emitir un voto: son de lo más variopintos. Es verdad que votar es un derecho, pero los derechos hay que ejercerlos con responsabilidad.

Totalmente lejos de mi intención, al escribir estas líneas, decir qué hay que hacer y qué no hay que hacer, a quién votar o a quién no… pero sí que me atrevo a rogar que seamos reflexivos y lo hagamos con criterio. Me atrevo a pedir que no miremos si nos cae bien el candidato o no, sino que tengamos madurez y responsabilidad y pensemos que no se vota a personas, sino a ideologías… y que a la hora de valorar esas ideologías hay que mirar no sólo las repercusiones económicas, sino también -y de manera especial- las morales.

España no es solamente dinero y bienestar económico; no podemos aspirar únicamente a eso. España es una sociedad compuesta por seres humanos que necesitan llegar a su pleno desarrollo intelectual, moral y espiritual, y las leyes y el gobierno del país deben estar al servicio de esta necesidad. Me diréis que lo estoy poniendo muy difícil porque es de sobra conocido que, actualmente ninguno de los partidos políticos con representación parlamentaria en España cumple este propósito, pues la práctica totalidad de ellos apoyan leyes que van -por citar un ejemplo- en contra del derecho fundamental a la vida, y que… lo único que uno puede hacer ahora mismo es optar por “lo menos malo”.

¡Cuidado con esto! Puede ser una salida de emergencia en un momento de apuro, pero no podemos acostumbrarnos a la teoría del “mal menor”, como única fórmula posible de sentirnos representados en la vida pública. Sirve para salir del paso, pero en ningún momento podemos pactar con el mal al cincuenta por ciento, o en ningún porcentaje. Tenemos que luchar sin tregua para que “el mal menor” sea algo transitorio -nunca definitivo-, y para ir dando pasos decididos hacia “el bien”.

Y el bien y el mal no son relativos y variables según se enfoquen desde una perspectiva política u otra. El bien es el bien, y el mal es el mal, y no admiten colores, ni ideologías. Y creo que hacia ahí debemos tener todos: hacia la búsqueda recta e innegociable del mayor bien; respetando a los que piensan y opinan distinto, pero… acabo de decir respetando, no pactando, ni respaldando, ni mucho menos apoyando con un voto.

No tengo convicciones políticas, pero sí profundas convicciones morales y religiosas y pretendo que sean tenidas en cuenta, y que sean valoradas y poder hablar de ellas en España sin miedos ni complejos, en igualdad de condiciones que otros que piensan diferente. Os invito a luchar por ello: el derecho a esta lucha es parte de esa libertad democrática de al que tanto hablan y que tanto se manipula.

M. Olga María, cscj