Nuevamente campeones

NUEVAMENTE CAMPEONES

Estoy todavía dando volteretas de alegría por el reconocimiento del cine español a la película “Campeones”. Me parece que se lo merecían de verdad: el equipo al completo. El Goya a Jesús Vidal como mejor actor revelación es una alegría y yo creo que un hito socio cultural, pero para mí lo más grande de todo esto es cómo recibió el premio y su reacción.

Una vez más, una persona supuestamente peor dotada que la mayoría, nos dio una lección magistral: recibir el mayor galardón del cine español y no detenerse ni un minuto en sí mismo.

Inmediatamente empieza a desgranar toda la bondad de su corazón en el discurso más emotivo que podamos imaginar. Sin papeles, ni esquema previo, sin miedo a salirse del guión o dejar de ser “políticamente correcto”, inicia un premio. En ningún momento se apropia de lo que se le está entregando, ni mucho menos se arroga a sí mismo el honor de un reconocimiento así. Hay dos palabras que definen este discurso tan precioso: humildad y gratitud.

Y, como todo humilde de verdad, Jesús Vidal es valiente. Y por eso reconoce públicamente su discapacidad y les dice a los señores de la academia que están marcando un hito en la historia del cine y también en la conciencia social de los “capacitados”.

Me parece precioso que sea libre para dejar hablar a su corazón y agradecer cosas que hoy día no venden, como cuando se dirige a una de sus hermanas y le da las gracias “por cuidar tanto a nuestros padres”. Por nombrar a cada uno de los miembros de su familia sin pudor y con orgullo sano y agradecerles el don de la vida y que le hayan dado todo. ¡Qué bonito ser capaz de vivir sin soberbia y reconociendo que no tenemos nada y lo hemos recibido todo! Me parece magistral.

Y lo más alto llega cuando agradece haber aprendido a ver la vida “con los ojos de la inteligencia del corazón”. ¿No se habla hoy de inteligencias múltiples? Si es así… ¿Por qué valoramos tan poco la inteligencia del corazón?

Desde luego que solamente desde la inteligencia del corazón se puede afirmar afirmar que lo mejor de su padre es ser “la persona con más ternura del mundo” y que -con sola su sonrisa- “cambia el mundo”. Es impresionante la valentía y la sencillez con que afirma actitudes, valores y principios que hoy en día no están en alza, sino que son infravalorados. Y lo hace una persona discapacitada en un marco inaudito: la gala de los Goya.

Jesús Vidal es -según la legislación actual- candidato clarísimo a ser abortado por su discapacidad. Viéndole y escuchándole… ¿caemos en la cuenta de lo absurdo y atroz de nuestros planteamientos? ¿lo mataríamos ahora, cuando le vemos con su Goya en la mano, y al escuchar su discurso que nos estremece de emoción? Nos parece una aberración, una monstruosidad… y yo pregunto: ¿cuántos “jesús vidal” no dejamos nacer cada día? ¿quiénes somos nosotros para condenar a muerte de esa manera? Desde luego que, cuando decidimos y legalizamos crímenes así, no actuamos con la inteligencia del corazón, sino con la inteligencia fría de la eficiencia, que acaba convirtiéndose en muerte, intransigencia, inflexibilidad y dureza de corazón.

Os pido que reflexionemos sobre esto y sobre la cantidad de ternura, cariño, felicidad y el torrente de emociones positivas que ha generado Jesús Vidal en un discurso de apenas cinco minutos. Como dijo Javier fesser, el director de la película, en un determinado momento: “Quizás sean discapacitados intelectuales, pero sin duda son superdotados emocionales”.

M. Olga María, cscj