Esto es muy urgente

ESTO ES MUY URGENTE

Cuantas veces nos pasa que se nos acerca alguna persona muy acelerada diciendo: “¡Date prisa! ¡Corre! ¡Que es muy urgente!” Y de pronto todo a nuestro alrededor se vuelven prisas y desasosiegos. Al menos a mí me ha pasado muchas veces y lo más gordo es que yo he terminado haciendo lo mismo con las personas de mi entorno.

Esto me pasaba y lo vivía así sin reparar en ello, hasta que alguien que me quiere mucho, cuando le dije que me estaban agobiando para que resolviera un determinado asunto, porque me decían que era muy muy urgente, me contestó: “¿Urgente? ¿Para quién?”

La verdad es que me detuve en seco. De pronto caí en la cuenta de que prisa no significa urgencia verdadera, y de que el hecho de que alguien tenga un interés grande por un asunto y quiera concluirlo rápidamente, no significa que de verdad sea prioritario y urgente y que -esto lo digo con todo respeto y cariño- las prisas e intereses de los demás no pueden ser llamados “urgentes” así porque sí…

“Esto es muy muy urgente”. La verdad es que esa afirmación está cada vez más presente en nuestro día a día y ayuda poco a crear armonía e infundirnos paz. Creo que es bueno que revisemos nuestras prioridades en la vida y las definamos bien. Y después, tras aclarar cuáles son nuestras prioridades, archivar la palabra “urgente” y sólo utilizarla cuando sea absolutamente cierto y necesario. No podemos sacarla al ruedo cada tres por dos y utilizarla como elemento de presión para que nuestros prójimos acaben despendolados porque los crispo y acelero a todos. Es necesario en esto, como en todo, mirar el bien común y dejar de lado mis apetencias y deseos personales.

Urgencia es una cosa e inmediatez es otra. Mirad: un ejemplo claro de esto que intento decir se ve en los hospitales en el Servicio de Urgencias. Este servicio existe para atender a los enfermos y heridos graves que necesitan cuidados médicos inmediatos, y si te acercas un día a la sala de espera de las Urgencias, te encontrarás casos del estilo de: “llevo un par de días con mucha tos y algo de fiebre, y me duele la garganta… A ver si me recetan algo…” y en esos momentos yo me pregunto dónde está la urgencia del caso.

La verdad es que no existe tal urgencia, pero esta señora ha decidido ir al Servicio de Urgencias porque así la atienden más pronto y no hay que esperar a una consulta normal. Y la realidad es que no hay nada objetivo que precise una atención urgente, pero esta señora ha decidido no esperar porque quiere que la atiendan ya. Exige una atención inmediata (no voy a entrar ahora en el tema de las listas de espera) pero no hay urgencia. Muchas veces confundimos nuestra pretensión de inmediatez con urgencia.

Y esto tiene consecuencias negativas: en el Servicio de Urgencias -por seguir con el mismo ejemplo- se colapsa y las verdaderas urgencias no pueden ser bien atendidas. Y en otros asuntos, si yo voy presionando a las personas con urgencias que no son reales, con prioridades que no son tales, sino fruto de mi capricho o de mi deseo arbitrario de inmediatez, lo primero que logramos es agobiar, crispar, desasosegar… y lo siguiente es crear malestar y no arreglar nada.

Revisemos serena y honestamente nuestras prioridades y propongámonos utilizar correctamente (y no en provecho propio) el término urgencia.

M. Olga María, cscj