La hora de la ternura de Dios

LA HORA DE LA TERNURA DE DIOS

¿Qué es lo prioritario en mi vida? ¿Cuál es la ley por la que yo rijo y guío mi vida? Y si esa ley -al menos de boquilla- yo digo que es Jesucristo y que es el Evangelio, ¿lo cuido?… ¿lo protejo?… ¿lo voy mostrando al pueblo sin pudor, para que puedan seguir esa misma ley? ¿O lo camuflo como puedo, porque no es políticamente correcto ser católico y hablar del Evangelio? ¿Esa ley es lo más importante para mí, hasta el punto de que soy capaz de sacrificarlo todo por Jesús, por el Evangelio? ¿Estoy dispuesta a liar el petate las veces que haga falta y huir a Egipto, a Pekín o a Pernambuco… para que los “Herodes” de hoy no lo maten?… ¿O prefiero seguir donde estoy, con la ley de Dios más o menos camuflada, enseñándola lo justo para cubrir el expediente, pero sin que me comprometa, porque, a lo mejor, me tengo que desinstalar y marcharme?

¿Mi ley es Jesucristo y su Evangelio, o es: “¡no quiero líos!”, “¡no quiero problemas!”?¿Dónde tengo puesto los ojos: en Él… o en mis intereses, mis apetencias, mis respetos humanos…? ¿Estoy dispuesta a no avergonzarme de Jesús ni del Evangelio?… ¿O en determinados momentos voy a decir que no le conozco, le voy a dejar nuevamente en el pesebre y le voy a mirar un poco de lejos, porque llevarlo en brazos compromete?

Si le buscan a Él para matarle, está claro que no vamos quedar indemnes los que le llevemos en brazos… Pero por un misterio, Él necesita de mis brazos para que yo le lleve, necesita de mi voz, de mis pies, de mi vida, de mi testimonio, para que yo le lleve por el mundo entero. ¿Voy a tener valor para vivir así?… ¿O voy a ver los toros desde la barrera?…

No pretendo que todas esas preguntas sean un machaque para nadie, pero… quiero que seamos realistas, muy realistas, porque la vida no es fácil. Y aun cuando uno llegara a vivir 90 años… ¡es muy corta! Y solo se vive una vez.

M. Olga María, cscj