Os anunciamos una gran alegría...

“OS ANUNCIAMOS UNA GRAN ALEGRÍA, EN BELÉN, OS HA NACIDO EL MESÍAS, EL SALVADOR”

Este saludo deseando felicidad será lo que más escuchemos en estos días.

¡!Feliz Navidad!! repetiremos también todos los cristianos. Y ¿por qué?

Los cristianos sabemos muy bien qué es lo que celebramos con tanto alborozo, con tantas muestras de alegría, con tanta felicidad: Dios viene a nosotros naciendo como nosotros de una mujer, en este caso de una mujer preparada desde la eternidad para ser la Madre de Dios hecho Hombre, para desde nuestra naturaleza humana elevarnos a los hombres a su naturaleza divina.

La mayoría de los que nos rodean ya no saben qué es lo que se celebra, han perdido lo fundamental. Ya se ha encargado esta sociedad consumista de resaltar lo que le interesa: el consumismo, la oferta de felicidad a plazos: una cena, donde para sentirse alegres es necesario que haya cuanto más mejor; más comida, más bebida, más compras, más regalos, haciendo, cada vez menos visible, lo esencial de estas fiestas; “Dios se hace hombre, para hacer al hombre Dios”.

Van desapareciendo los signos visibles del gran acontecimiento; belenes, estrellas, auténticas felicitaciones, todo ello como un signo de progreso. Sin embargo, una vez terminado todo esto, tienen que buscar algo más que les siga alegrando la vida; un viaje, regalos, que lo mismo que la cena, ha de ser cuanto más caro mejo, y así como un rosario de cosas que sirvan para alegrar la vida, sin sentido aparente, en la que están viviendo, por eso cuando pasan las fiestas, lo único que les queda es la apatía, la tristeza de lo cotidiano, ya que la felicidad la buscan fuera, cuando la deben encontrar donde realmente está, dentro de sí mismos

Los cristianos, vivimos en el mundo, y no podemos escabullirnos, es necesario participar; está la familia, los amigos, tanto los que piensan y creen como nosotros, como los que pasan de todo lo religioso, por eso cuando celebremos la Navidad, tenemos la obligación de resaltar el fundamento de esta fiesta, no podemos basar nuestra felicidad en consumir, sino en el gran acontecimiento, en el que un día, allá por los años 3 ó 4 de nuestra era, un Niño nació pobre siendo el Hijo de Dios, hecho Hombre en María.

Esta es nuestra responsabilidad, ser testigos ante todos los que nos ven, los que viven con nosotros, los que se acercan a nosotros, de esta nuestra fe, por eso cantamos con los ángeles en Belén: “GLORIA A DIOS EN EL CIELO Y EN LA TIERRA PAZ A LOS HOMBRES, QUE AMA EL SEÑOR”.

“Hoy ha nacido en Belén, el Mesías, el Salvador”

¡¡ FELIZ NAVIDAD ¡!!

Carlos, diácono