Soledad Crónica

SOLEDAD CRÓNICA

Acabo de leer un titular que me ha dejado estupefacta: “El Congreso insta al Gobierno a impulsar una estrategia nacional contra la soledad crónica”. Y yo me he quedado pensando: ¿existe la soledad crónica? Se la denomina ya como una enfermedad, y es que -si lo pensamos despacio- lo es.

Me impresiona mucho que esta realidad se haya convertido en un problema social de primer orden, hasta el punto de que el Congreso de los Diputados esté instando al Gobierno a actuar. Es algo muy llamativo y extraño, porque suelen ocuparse de otros temas.

En el Congreso lo plantean así: “Necesitamos una acción concertada, entender el fenómeno de la soledad no deseada como un problema social, político y económico cuyo abordaje debe ser integral”. Es cierto, pero solo en parte. Opino que el problema no es tan político y económico como nos intentan transmitir, ni tan siquiera meramente social. Creo que es un problema moral: una consecuencia de la laxitud moral que se está adueñando de nuestra sociedad.

La soledad es -en la mayoría de los casos- consecuencia de nuestro egoísmo. El problema no es que una persona viva sola (muchas lo prefieren) sino que logremos que se sienta absolutamente sola. Y este sentimiento de soledad se da muchísimo en personas que viven en colectividades, rodeadas de gente pero sintiendo en su corazón la espina de la soledad, de la falta de afecto, de no tener a nadie y de no importarle a nadie.

Esta realidad es durísima y supone una lacra social y moral inmensa. Me parece perfecto que en el Congreso se preocupen de ello y traten de ponerle solución, pero vamos a lo de siempre: a nuestro compromiso personal.

¿De qué manera vamos a aportar nuestro granito de arena en combatir este drama de tantas personas? Estamos ante uno de los problemas que hacen daño en nuestro entorno. No hay que irse lejos a buscar necesidades que remediar, Sólo hay que abrir los ojos y mirar a nuestro alrededor. El hambre mundial es un megaproblema que ya trae de cabeza a mucha gente y organizaciones, y ahora nos toca a nosotros hacer algo para remediar el hambre de afecto y calor humano que tienen muchas personas próximas a nosotras, de nuestro vecindario y nuestro barrio, sin ir más lejos.

Me diréis que me repito más que la cebolla, que siempre digo lo mismo, pero es que este es el gran problema social de hoy: que todos miramos a otro lado esperando que mueva ficha otro y -poco a poco- vamos deshumanizando el mundo, enfriándolo, desertizándolo de humanidad, de sensibilidad, de sentimientos, de valores, de lo que de verdad importa. ¿Qué nos está pasando? ¿Por qué nos preocupa tanto el equilibrio ecológico del planeta y tan poco el equilibrio emocional de las personas? Quizás habría que hacer campañas de concienciación para reciclar sentimientos y valores, porque estamos desertizando la vida y las relaciones humanas, agostando las fuentes del cariño, de la ternura, la servicialidad, el buen humor… Esta columna semanal pretende ser una pequeña aportación a esa campaña de concienciación contra la soledad crónica que padecen muchas personas y desde ya me comprometo a tratar con enorme cariño y delicadeza a dos personas concretas de mi entorno que -por sus circunstancias personales- pueden estar acusando muchísimo la soledad y yo casi no me entero. No quiero que se les vuelva crónica. Y vosotros… ¿qué vais a hacer? ¿de qué manera os comprometéis?

Madre Olga María del Redentor, cscj