Adviento, tiempo de...

ADVIENTO TIEMPO DE INCERTIDUMBRE, DE MIEDO PERO LLENO DE ESPERANZA

El primer domingo de Adviento nos trae el relato del fin de los tiempos, donde los hombres y mujeres, viendo lo que acontece en los cielos y en la tierra, viendo como todo se desmorona, angustiados llenos de temor y de ansiedad, miran al cielo buscando una luz. “Destilen, cielos el rocío; y lluevan, las nubes al Justo.”

Mirando a nuestro mundo actual, vemos signos que nos recuerdan también el final de todo lo creado: las guerras se extienden por toda la tierra; las gentes huyen de sus países, por la violencia, el hambre y la muerte, buscando una nueva vida, un nuevo horizonte para sus hijos, mueren engullidos por el mar, desfallecidos por el cansancio y el hambre en su peregrinar a esa tierra prometida, prometida pero que no llegan a alcanzar, pues los que no han perecido por el camino, encuentran que les cierran las puertas con muros y toda clase obstáculos, y sobre todo, encuentran la violencia de la que vienen huyendo.

Llenos de temor y ansiedad, buscan una solución que se les niega, por eso, miran al cielo y gritan: “Destilad, cielos el rocío; y lluevan las nubes, al Justo.”

Esa esperanza, puesta en el cielo debe dar el fruto de una certeza que nos ayude a no desfallecer, a saber que, lo mismo que vino del cielo la salvación hace dos mil años, ahora, confiamos en la llegada del Señor, para llenar nuestros corazones con el gozo de ver cumplidas nuestros deseos de contemplar un mundo, donde ¡por fin! reine la razón que haga florecer la JUSTICIA, EL AMOR Y LA PAZ, por eso clamamos esperanzados:

¡VEN, SEÑOR, NO TARDES MAS!

Carlos Sánchez - diácono