Amando la vida más allá de la muerte

AMANDO LA VIDA MAS ALLA DE LA MUERTE

Con mucha frecuencia comprobamos que es una lástima ver cómo ha cambiado la sociedad y de qué manera los valores tradicionales se han ido eliminando hasta hallarnos ante unos planteamientos de vida cada vez más inhumanos y más despersonalizados y fríos, carentes de sentimiento y sensibilidad.

Reconozco que es verdad, que tristemente sucede así muchas veces, pero no siempre es de esa manera, y quiero aprovechar esta pequeña ventana abierta al corazón de muchas personas de bien, para dar testimonio de lo contrario. Esta semana no voy a reflexionar sobre nada, simplemente voy a ofrecer el testimonio de algo muy hermoso y conmovedor que he vivido de cerca estos días.

Obviamente soy católica y en mi vida intento regirme por los principios morales e ideales que deben caracterizar la vida de cualquier católico, por eso para mí es sagrado el matrimonio indisoluble entre hombre y mujer como expresión del amor mutuo de los esposos y de su llamada a participar de la obra creadora de Dios transmitiendo vida. En consecuencia condeno el aborto en cualquiera de sus modalidades y todo aquello que atente contra el derecho fundamental de la vida.

Ante estos planteamientos muchas veces los creyentes podemos sentirnos como especímenes raros entre tantas ideas y razonamientos diferentes y contrarios. Pues no… conozco un joven matrimonio muy querido: llevan casados unos pocos meses y estaban esperando su primera hija con un amor y una ilusión impresionantes, viviéndolo desde la fe y saboreando cada momento de ese embarazo tan deseado. Hace unos días todo se complicó y la pequeña murió en el seno de su madre. Esto no es extraño ni excepcional, pero sí lo ha sido cómo lo han vivido ellos.

En una sociedad en la que se desprecian y se manipulan la vida y la muerte hasta el punto de “programar” y decidir qué y cuándo y cuántos y de qué manera se conciben los hijos, y se desechan los que no nos gustan o no nos cuadran, arguyendo que son “derechos” adquiridos por la madre, como si el padre no tuviera arte ni parte, y se considera un aborto natural como “mala suerte” y se intenta pasar página cuanto antes, el testimonio de esta joven matrimonio me ha estremecido y llenado de gratitud a Dios porque aún existen parejas así, tan llenas de amor mutuo y amor a la vida depositada en ellos por el Señor.

Amaban a su pequeña intensamente y la esperaban con un amor inconmensurable. Cuando después de muerta la hicieron nacer y recibieron su cuerpecito -minúsculo, pero ya plenamente formado- de 25 centímetros y 170 gramos, lloraron abrazándola en su regazo los dos. Fueron capaces de dar gracias a Dios por su hijita y sonreír contemplándola entre sus lágrimas porque, aunque no tuvieron la alegría de disfrutarla viva aquí… ella fue fruto del amor y sigue siendo amada, porque quienes tenemos fe sabemos que está viva en el regazo de Dios, que es la Vida eterna en la que creemos.

Hay detalles preciosos de este suceso que no voy a poder extenderme en referir aquí, ni es el caso, pero… sí que es bueno presentar a los lectores una historia diferente, con un planteamiento diverso. Existen personas jóvenes, con preparación intelectual y cualificación profesional en la Europa actual –no ignorantes subdesarrollados- capaces de vivir su vida y su matrimonio de manera diversa, amando y valorando la vida por encima de la muerte. No todo es negativo y egoísta, ni la cultura de la muerte es sinónimo de actualidad y modernidad. Gracias a Dios aún hay quien se rige por otros principios y valores y es capaz de amar más allá de la muerte, venciendo la oscuridad y el egoísmo.

Madre Olga María del Redentor, cscj