Manipulación

MANIPULACIÓN

Una vez le pregunté yo a un chico joven de los de botellón, salida nocturna, discoteca y demás: “De verdad, ¿tú eres feliz cuando haces eso? Porque si de verdad eres feliz mereces todo mi respeto aunque no lo comparta ni lo entienda. Pero… de verdad: ¿tú eres feliz?” “No, no, no… ¿feliz, feliz, feliz? ¡¡No!!” Y le dije: “¿Entonces…? ¿Para qué os reunís en esos lugares, gastando dinero, consumiendo sustancias que son nocivas, porque en el mejor de los casos es alcohol, y si no… son cosas peores? ¿Por qué? ¿Para qué hacéis eso si al fin me estás reconociendo que no sois felices?” La contestación fue de nota: “¡Para no pensar!”

Me quedé estupefacta ante la contestación, que me pareció patética, porque el hombre es hombre en cuanto que es un ser racional, en cuanto que tiene capacidad de pensar. Entonces… si lo que te identifica y te constituye como hombre lo anulas… te reduces a ser un puro animal, ¿no? Si lo que te diferencia del resto de las criaturas del reino animal es tu capacidad de pensar y vas a un sitio con la intención de anular esa capacidad, estás haciendo lo más degradante, te estás “animalizando”, te estás “bestializando”.

Pues esta fue la contestación que me dio: “¡Para no pensar!” Y ahora me pregunto: ¿A qué cantidad de manipulaciones están expuestas estas personas? porque -si no son capaces de pensar y no quieren intentarlo- podrán hacer con ellos cualquier cosa. Se exponen a una manipulación total.

Me recuerda la orden del Faraón de Egipto que tiene mucho que ver con esto de no pensar, en el libro del Exodo: “Que se aumenten el trabajo de los israelitas para que estén ocupados en el trabajo y no den oído a las palabras de Moisés”. Es análoga a la de los faraones modernos: “que estén pillados en todas esas cosas, esclavizados, obsesionados con todo ello para que no piensen, para que no den oídos a las palabras de los ‘Moisés’ modernos que hay y que vienen a hablarnos en nombre de Dios, y nos traen el mensaje de Dios. Que estén entretenidos en todo eso para que no escuchen a los profetas del día de hoy.”

Ésta es la orden de los faraones de hoy día, de los todos esos manipuladores de la gente joven: que aumente el ruido hasta hacerles ensordecer de modo que no piensen, ni tengan capacidad de hacer opciones libres y responsables.

Que compren lo que digamos, que se vistan como digamos, que sean “borregos” totalmente, personas sin voluntad, una masa informe… Es lo más despersonalizante y lo más alienante, lo más degradante… porque son personas que pierden su dignidad humana -ya no hablo de su dignidad de hijos de Dios, sino de su dignidad humana- su libertad, su capacidad de decidir… y esas son las órdenes de los faraones de hoy día, que hay un montón.

A esto, nos tenemos que oponer con decisión y decir “¡¡no!!”, y denunciarlo. No vale decir: “hay que entenderles, hay que comprenderles, es muy difícil ir contra la corriente, ahora es así…” Habrá que compadecerles, respetarles, no condenarles… pero tenemos que oponernos, porque es un mal cierto. Y todo cristiano tiene obligación moral de oponerse al mal. Y esa manipulación moral de las personas -y especialmente de los jóvenes- es una obligación oponernos a ella frontalmente y denunciarla y combatirla.

Y no vale decir: “¿qué vamos hacer? ¡Hoy es así y si no se ven solos!” Pues mira: el refrán de “más vale sólo que mal acompañado” ¡tiene hoy día más sentido que nunca! Mira: quédate más solo que la una, pero… ¡sé persona!; que por estar solo no dejas de ser persona. ¡Es preferible que seas una persona sola que un borrego en la masa! Y eso hay que denunciarlo y a ellos decírselo, decirles: “¡estáis equivocados!” Sé que no me van a escuchar, que van a decir que soy una “pringada”, que “no tengo ni idea”, “¿qué va a decir la monja?” ¡Me da igual! No puedo callarme: es un deber de conciencia denunciar eso… porque es tremendo.

Los jóvenes suelen ser también los seres más generosos y dispuestos a rebelarse ante la esclavitud si logramos que comprendan que eso es una esclavitud. El problema es que es muy difícil hacérselo comprender porque se cruzan muchos factores en contra de nuestro propósito, pero si logramos convencerles… probablemente quieran luchar contra la esclavitud.

M. Olga María, cscj