IV Centenario Religiosas Teatinas

¿POR QUÉ CELEBRAR EL IV CENTENARIO DE LAS RELIGIOSAS TEATINAS?

En esta etapa de la historia en la que todo debe obtener una rentabilidad para que sea valorado, quiero recordar la frase de Saint-Exupéry: “Lo esencial es invisible a los ojos”.

Celebramos, pues, que una mujer en el año 1618 marchó de este mundo dejando una gran huella, que hoy todavía sigue siendo fructífera. Huella escrita con lemas como “Sin más regla que el Amor”, “Sed alegres” , “Feliz el que te ama”, que continúan teniendo un valor incalculable e imperecedero. Ese amor que ella dejó como herencia, cargado de ejemplos prácticos para poder realizarlos en la vida diaria, en cualquier tiempo y lugar, y que no requieren de grandes hazañas, sino de vivir, desde la sencillez, amando: un saludo a quien se cruza, un perdón después de una ofensa, una sonrisa al que no la espera…

Teatinas

Lo celebramos porque queremos compartir con todos los que la van conociendo o ya la conocen, pinceladas de la gran historia de una mujer que puso su vida en manos de Aquel que le dio la felicidad; quien la acompañó hasta el final de sus días y a quien ella, a pesar del sufrimiento por causa de su enfermedad, en ningún momento abandonó ni renunció.

Su amor por María Virgen fue otro de sus legados, desde la ternura entrañable de reconocerla como Madre y el agradecimiento por el bien que recibimos y nos viene gracias a su intercesión frente al Padre.

Madre Úrsula sigue siendo una mujer actual. Como nos lo repite ahora el Papa Francisco, su deseo era que la alegría se encarnara en la gran vivencia del amor hacia el prójimo.

No podemos llamarnos cristianos y estar tristes. Esa alegría no es la de la risa fácil si no la que nace del corazón al sentirnos felices por haber acogido a Jesús en nosotros. Es la que nos impulsa a comenzar todos los días dispuestos a ser artífices de su mensaje, y terminarlos con la paz que supone haberlo conseguido en nuestro entorno.

Y a través de la alegría llegamos a la paz. Una paz que sólo podemos trasmitir cuando le concedemos su espacio en nuestras vidas, en nuestro mundo, en nuestro yo más íntimo. Ella decía que “El Señor no se detiene donde no reina la paz”. ¡Construyamos esa PAZ estrechando manos, empezando por las de quien tenemos a nuestro lado!

Podría seguir enumerando razones para seguir celebrando otros cien años más el fallecimiento, y con ello el nacimiento, de una gran mujer que no aspiraba a nada de este mundo y que sólo quería vivir en la bondad y hacer el bien. Su única pretensión fue trasmitir lo que ella había experimentado y vivido, para que otros y otras también lo pudiésemos vivir.

Animo a todas las familias, niños, jóvenes a que en este año, y los que siguen, tengan un recuerdo especial hacia Úrsula Benincasa, frágil físicamente pero ejemplo de fortaleza en el amor, y que la recen con la fe de que ella intercederá por nuestras necesidades ante el Padre.

¿Quién puede resistirse y no acercarse, aunque sea en puntillas, a Úrsula y susurrarle al oído que le ayude, que le haga sentir en su corazón deseos de transformar el mundo en el que vivimos, de gritar y cantar con todas las fuerzas que lo único que tiene sentido hoy es el amor incondicional para conseguir la felicidad?

“¡A la montaña! ¡A la montaña!” Esa expresión indicaba la aspiración que Madre Úrsula tenía de ese encuentro con Dios y desde donde saciaba su sed para poder lanzarla a los demás.

Y, desde estas líneas, también aprovecho para desearles una feliz Cuaresma y un feliz camino hacia la Pascua del Señor.