Incultura general

INCULTURA GENERAL

Hoy me pregunto si la cultura en esta sociedad actual es un valor o un contravalor. Hace un tiempo hubiera contestado sin vacilar que es un valor, pero ahora miro a mi alrededor y… la verdad es que no sé qué decir: tengo la dolorosa impresión de que no se valora y de que se desprecia.

Hace unos días leí lo siguiente: “Uno de cada cuatro ciudadanos piensa que el Sol da vueltas alrededor de la Tierra y uno de cada tres cree que tuvimos que pelearnos con los dinosaurios por un plato de paella. ¡Cómo para leernos un programa electoral, comprenderlo, votarlo y exigir su cumplimiento!”

Me quedé espeluznada, pero he de reconocer que, tristemente, es verdad: el nivel de incultura, sobre todo en jóvenes de treinta años para abajo es aterrador, pero lo más dramático es que -cuando intentas que ellos caigan en la cuenta de lo ignorantes que son y lo urgente que es remediar eso- te miran con cara de póker, se encogen de hombros, y se quedan tan tranquilos… Si acaso un poco perplejos cuando ven mi desconcierto y preocupación.

Nadie sabe nada, ni quiere saber. La mayoría de los jóvenes consideran que no es necesario saber nada, que para eso existe Google, donde uno obtiene la información que necesita en el momento preciso, con lo cual… en contra de lo que se podría pensar, el empobrecimiento intelectual y moral es bestial. Porque… no nos engañemos: la ignorancia intelectual va unida a la ignorancia o vacío moral y, los dos juntos y entrelazados, dan como resultado un raquitismo humano que es para preocuparse. Yo lo estoy, porque cuando intentas despertar a la gente de esto… no reaccionan y se extrañan.

Me asusta ver niños, adolescentes y jóvenes sin ningún interés por saber nada, por conocer, por formarse… sólo saben mover el dedo por la pantalla de su móvil buscando información fácil y no retienen nada en su memoria. Miran rápidamente la información que allí aparece para responder a la necesidad de ese instante, pero no asimilan nada, no se alimentan… un cerebro y un alma sin estímulos y sin contenidos, no piensan, no sienten, no se desarrollan, son débiles y carentes de fuerza.

Entiendo y asumo que no todo el mundo puede tener el mismo nivel cultural, pero sí que reivindico para todos, por dignidad humana, un nivel mínimo que garantice la autonomía de las personas, el que puedan usar -con un mínimo de criterio y responsabilidad- de su libertad, sin ser un hato de borregos fácilmente manipulable.

Me escandaliza y me duele profundamente el borreguismo imperante y la pobreza intelectual y cultural de nuestra sociedad, que nos está conduciendo a una miseria moral y espiritual aterradoras. ¿No es pisotear un derecho humano básico el no facilitar y propiciar una educación integral y dejar a nuestros jóvenes reducidos a un paletismo brutal revestido de máscaras de progreso y ciencia cuando lo único que saben -en modo autómata- es pulsar un botón y repetir como loros lo que allí se dice? ¿no es un abuso y una lacra que sólo sepan hablar y opinar -en modo borrego, por supuesto- del caso Nóos, los EREs, el calentamiento global, el contrato millonario de tal futbolista y los hijos secretos de…? ¡Me parece tan patético…! ¿Qué está pasando? ¿Estamos educando y cultivando a nuestros jóvenes y niños o los estamos atrofiando en lo más sagrado, que es su libre albedrío, su capacidad de distinguir y optar entre el bien y el mal? Y sobre todo… ¿qué fin se persigue al proceder así? ¿que sean más libres y mejores personas, o más ignorantes, más débiles y más manipulables?

M. Olga María, cscj