Buscando culpables

BUSCANDO CULPABLES

Estos días pasados, con el temporal de nieve y los cortes de circulación de la AP-6 a la altura de Villacastín y San Rafael, se ha montado un verdadero revuelo mediático. Es cierto que la noche del 6 al 7 de enero debió ser terrible, nevando sin parar, para los más de tres mil vehículos que quedaron atrapados en medio de la carretera, y estoy totalmente de acuerdo en que hay que intentar por todos los medios que no se repitan situaciones así, pero lo que me ha llamado la atención de todo esto es que, antes de veinticuatro horas, los políticos ya estaban utilizando la situación como arma arrojadiza y para lanzarse pullas unos a otros.

¡Me parece patético! Ante un problema que afecta a muchas personas y que requiere una solución inmediata, vamos a buscar un remedio y a actuar enseguida. Movámonos con una única intención y con la prioridad de remediar el mal. ¿De qué sirve gastar energías en buscar un culpable? Creo que de nada, pero es el modus operandi de la sociedad: no sólo disculparnos, sino además buscar un culpable rápidamente. Esa es la máxima urgencia: no remediar el mal, sino quedar yo libre de responsabilidades y -si puedo- sacarle el máximo partido a la situación utilizándola para humillar y atacar a mis adversarios.

De esto que acabo de decir yo destacaría dos cosas para reflexionar en ellas; primero la falta de rectitud y de escrúpulos a la hora de vivir situaciones reales que afectan a otros y no nos hacen más humanos y sensibles, sino que sacan de nosotros lo peor cuando las instrumentalizamos y utilizamos para nuestro provecho, sin preocuparnos de verdad el mal y el sufrimiento de otros. La preocupación por remediar el mal y consolar al que está sufriendo y tiene necesidad de ayuda, queda en segundo plano. Lo primero soy yo, mi imagen, quedar bien, libre de responsabilidades… Primero yo, el sufrimiento de los demás va después… esto es tristísimo, pero es muy frecuente. Mi EGO es el rey y señor de mi vida y mantiene su poderío por encima de todo: no hay sensibilidad, ni altruismo, ni valores… lo primero es lo primero y lo demás va después. Esto que escribo no es ser negativa, es tristemente real.

Y la otra cosa que me preocupa es esa necesidad de agredir. No sólo buscamos exculparnos de la situación, sino que parece que tenemos necesidad de culpar y de atacar a otros. Me entristece ver con qué facilidad vemos a los demás como adversarios y no como compañeros de camino. ¿A dónde pretendemos llegar viendo enemigos y adversarios por todas partes? ¿de verdad creemos que así construímos un mundo más humano?

Personalmente he tomado la resolución de no tener enemigos y tampoco adversarios. Si una persona me considera su enemiga… es su problema. Yo no tengo enemigos y no puedo hacer nada si alguien me considera como tal. Eso no lo puedo evitar, pero sí que puedo evitar corresponder y considerar a los que me ven como enemiga simplemente como personas que no confían en mí y por eso recelan, pero yo no soy su enemiga, no los considero así y no entro en su juego. Creo que es un amanera de frenar hostilidades y violencias. Si todos actuáramos de esa manera, creo sinceramente que la sociedad experimentaría un cambio notable: veríamos más sonrisas cordiales y menos ceños fruncidos.

M. Olga María, cscj