El valor de una madre

EL VALOR DE UNA MADRE

Hoy es el día de los Inocentes y es el día en que las Asociaciones Pro-vida se manifiestan de manera más activa y doy gracias a Dios por el gran trabajo que esas asociaciones y fundaciones realizan, sobre todo en lo tocante a la concienciación de esa realidad terrible que es el aborto y también recordándonos lo dura y difícil que es la vida para algunos niños pequeños.

Por eso hoy os invito a agradecer. Estamos en Navidad y todos deberíamos agradecer el estar en este mundo, el don de la vida… Personalmente quiero aprovechar estas líneas para agradecer a Dios el regalo de mis padres, y especialmente de mi madre.

Es bueno que reflexionemos un poco sobre ese don precioso que es la maternidad. Cierto que algunas veces hay mucho sufrimiento detrás de algo tan hermoso, pero, ante todo y por encima de todo, hemos de verlo como lo que es en realidad: una bendición y un regalo.

De todas las capacidades con que Dios ha dotado a la mujer, sin duda la maternidad es la más hermosa y la que más la embellece y realiza, porque la impulsa a desarrollar todas sus potencias y capacidades y -sobre todo- a dar y a darse a sí misma.

Madre no es simplemente aquella que engendra y da a luz, sino la que cuida, educa, protege… la maternidad es algo mucho más grande que el simple hecho de transmitir la vida biológica. Madre es la mujer que consagra y entrega su vida a la criatura que se le ha confiado, volcando en ella lo más grande de sí misma para hacer de ese pequeñito una persona. Cada ser humano que nace es una página en blanco en la que todo está por escribirse… y hasta que sea capaz de ir tomando las riendas de su vida, será lo que sus educadores, y de manera especial sus padres, y más aún su madre, le enseñen a ser. Y cuando llegue a la edad adulta y haga uso de su libertad, siempre arrastrará -para bien o para mal- lo que haya recibido en sus primeros años y también en el seno materno. ¡Qué gran responsabilidad!

Quiero aprovechar estas líneas para reconocer y agradecer el trabajo y el cariño, la lucha y la entrega silenciosa, oculta y anónima de tantas madres que, sin darse a conocer, día a día y en silencio, van transformando la faz de la tierra conforme van educando a sus hijos. Es cierto que cada ser humano es libre y es responsable de sus actos, pero es igualmente cierto que ese ser humano usará su libertad conforme le hayan educado. Tenemos que enseñar a nuestros niños y jóvenes a usar de su libertad y a usarla para el bien. Y educarles en eso es responsabilidad nuestra, de los adultos que les rodeamos, pero especialmente de su madre.

Los niños aprenden por imitación, observando… Si ven en su entorno más inmediato, amor, entrega, responsabilidad, orden, laboriosidad, olvido propio… aprenderán e influirá positivamente en el uso que hagan posteriormente de su libertad. Y sólo sabrán amar y dar amor y bondad si lo han recibido desde muy pequeñitos: no podemos dar lo que no tenemos por no haberlo recibido. Por eso yo hoy agradezco a Dios por todas esas madres anónimas, pero extraordinarias y fuera de serie, que van transformando el rostro del mundo amando a sus hijos y enseñándoles a amar, dándoles el ejemplo de lo que es la entrega propia y la bondad y lanzando al mundo personas que lo van transformando en todo eso positivo que han recibido y aprendido principalmente de sus madres.

M. Olga María, cscj