La belleza

LA BELLEZA

Vivimos en una sociedad que cree valorar la belleza y... opino que no, que lo que realmente ocurre es que sobrevalora unos cánones y convencionalismos estilísticos que han definido como belleza. Especialmente en el mundo de la mujer, esto se ha convertido en todo un reto: hay que tener unas características, unas medidas, una talla, un peso... para entrar dentro del club de lo considerado bello. Y el resto... ¿quedamos en el pelotón de los patitos feos? Me hace gracia cuando luego nos hablan de dictaduras y represiones, viendo que casi todo el mundo pasa por alto esta, que es una de las más crueles e implacables que padecemos.

Me gustaría, desde estas líneas, ayudar a las mujeres a reconocer y abrazar su belleza, y demoler esas falsas representaciones estereotípicas de lo que se considera una mujer bella, porque la mayoría de las veces resultan oprimentes, dando lugar a malestar, agobios y frustraciones. Quizás deberíamos empezar por entender que la belleza no es algo que pueda definirse de manera tan simple y concreta como el blanco y el negro... Hay tantas definiciones de belleza como personas y si a cada persona le favorece y le sienta bien un color, una hechura, un tejido, un maquillaje... en lo moral sucede igual: somos diversos. Somos más diferentes en nuestro retrato moral que en nuestro retrato físico: hay más diferencias entre la personalidad de las personas que entre sus rostros. Y creo que es importante que cada cual potencie su belleza interior, lo que hay en su persona de más hermoso, sea lo que sea, huyendo de estereotipos e ideas preconcebidas. De alguna manera cada persona tiene que buscar y potenciar su canon de belleza, aquello que de verdad la hace hermosa y agraciada.

Una persona es bella no por su aspecto, sino por el conjunto de todo lo que ella es; aquí incluimos su físico, por supuesto, pero sin darle una relevancia mayor que al resto de facetas de lo que es. Además, lo que la constituye persona no caduca como se deterioran el cuerpo y la belleza física. Aquello que la hace verdaderamente bella, profundamente bella, aquello que nos impulsa a amarla, y lo que le confiere dignidad, no está en su cuerpo, y por eso permanece, porque está en esa parte de la persona que es inmortal y que se llama alma.

Una mujer bellísima, con unos ojos preciosos y espectaculares, si no tiene dentro amor y bondad que se irradien por esos ojos tan bellos... ¿de qué le sirven? ¿qué es? Lo mismo ocurre con unas manos preciosas, cuidadas y con una manicura perfecta: se admiran, pero esas lindas manos... ¿para qué sirven? ¿en qué se emplean? ¿saben ayudar, servir, acariciar...? Esa mujer tan espectacular físicamente, es algo similar a un mueble, que se admira, pero después se olvida, o se la recuerda con admiración, pero sin amor. Es infinitamente más bella la mujer que tiene un físico normalito, del montón, sin nada excepcional, con unos ojos normales, que no llaman la atención, pero con un corazón lleno de bondad y ternura que se desborda en una mirada cálida y tierna y en todos los gestos y ademanes de su persona. Esa bondad y todo lo que tiene en su interior, lo que atesora en su corazón, la embellecen y la hacen resplandecer y sabemos que está transmitiendo vida y humanidad. Esa es la verdadera belleza, la que permanece y nunca se marchita, la que guardamos y la que admiramos de verdad.

Propongo apostar por ese canon de belleza humana, que dignifica y hace feliz a quien la posee y a quien la admira.

M. Olga María, cscj