Grita al mundo

GRITA AL MUNDO

¿Qué es lo que hace al Verbo de Dios salir de Sí, del seno de la Trinidad, y unirse a una naturaleza humana haciéndose verdadero Hombre? ¿Qué es lo que le hace salir? ¿El miedo? ¡No! ¡¡¡El amor!!! ¿Creéis que si Jesús se hubiera sentado a calcular y a estudiar lo que le podía pasar y lo complicada que podía ser su vida en la Eucaristía, hubiera instituido el Santísimo Sacramento? Creo que si se hubiera sentado a calibrar lo que le podía pasar en toda su vida Eucarística a lo largo de tantos siglos, encerrado en tantos sagrarios en el mundo y hubiera calibrado y calculado tantos sacrilegios, tantos olvidos, tantas ofensas… todo lo que Jesús ha padecido en su Cuerpo Eucarístico ¿creéis que si hubiera sentado a calcular y se hubiera dejado llevar por el miedo, la Santísima Eucaristía existiría en la Iglesia? Sinceramente creo que no.

Pero Él no vive de cálculos, no quiere calcular, porque nos ama y, en el amor, el cálculo no entra. En el amor solamente entra una cosa: la necesidad imperiosa e inevitable de darse, de expandirse, de entregarse. La persona que -ante alguien que le pide algo- se sienta a calcular hasta el último detalle de su entrega, esa persona no ama. La persona que de verdad ama y está enamorada no calcula, simplemente se entrega al ser amado con todo su ser y sin medida, sin calculo, sin limite. Eso es lo que hizo el Verbo de Dios enamorándose del hombre: darse sin reserva, sin cálculo, sin medida.. y no en un momento dado de la historia, sino que desde el instante de la Encarnación, no ha dejado de hacerlo un solo día y nos ha prometido -y su Palabra es verdad- que lo hará “todos los días hasta el fin del mundo”. Correspondamos a ese amor, dejemos de lado nuestros miedos, entreguémosle toda nuestra vida de una vez para siempre y adorémosle.

Madre Olga María del Redentor, CSCJ