El Dios de la paz

EL DIOS DE LA PAZ

Creo que nunca lograré entender qué sentido encuentran los terroristas a sus atentados, con qué fín los llevan a cabo y qué pretenden conseguir. Cada vez que sucede algo así… mi interior se estremece y me lleno de cuestiones e interrogantes que nunca logro contestar, porque sospecho que no existen respuestas racionales a todas esas preguntas que afloran en catarata dentro de mí.

Al mismo tiempo nace en mí un sentimiento de rabia e indignación profundas que trato de ahogar en seguida porque soy cristiana, y bajo ningún concepto quiero alimentar en mí y en mi ambiente el rencor y el resentimiento. El odio es muerte y creo que alimentarlo es ponerse a la misma altura de los terroristas y -francamente- no estoy por la labor.

Y lo que ya me colma y me descuadra del todo es el terrorismo en el cual utilizan a Dios como parapeto. Esa manipulación de Dios me parece el colmo de la sinrazón y el absurdo: ¡ya vale de usar a Dios como tapadera para nuestro odio y nuestras locuras! De verdad que hago un esfuerzo por no juzgar y tratar de comprender, pero mi pequeñita capacidad mental no llega, no da de sí, no abarca… Esto me ha causado mucha tristeza y crispación a veces al ver tanto dolor absurdo… Y estos días, con los atentados de Londres se han reabierto esas heridas. ¡¡Alá es grande!! ¡Claro que sí! Y porque Dios es grande y es bueno… no profanéis su santo Nombre… no lo tiñais de sangre y dolor y no empujeis a que muchos lo maldigan.

Para mí, cristiana, este planteamiento es incomprensible y me duele mucho. En este sentido me ayudó mucho la película “De dioses y hombres”, que recomiendo a todos, y que narra la historia de la comunidad de monjes cistercienses del monasterio de Nuestra Señora de Atlas, que en 1996 -durante la guerra civil argelina- fueron asesinados por los musulmanes por el sólo hecho de ser cristianos. El P. Christian de Chergé, prior del monasterio, y uno de los siete monjes martirizados, escribe un testamento impresionante con el que estoy haciendo mi oración estos días y del que transcribo algunos párrafos para que lo reflexioneis, porque es bellísimo:

“Si me sucediera un día -y ese día podría ser hoy- ser víctima del terrorismo que parece querer abarcar en este momento a todos los extranjeros que viven en Argelia, yo quisiera que mi comunidad, mi Iglesia, mi familia, recuerden que mi vida estaba ENTREGADA a Dios y a este país. (…) Que recen por mí. ¿Cómo podría yo ser hallado digno de tal ofrenda?

Que sepan asociar esta muerte a tantas otras tan violentas y abandonadas en la indiferencia del anonimato. Mi vida no tiene más valor que otra vida. Tampoco tiene menos. (…) He vivido bastante como para saberme cómplice del mal que parece, desgraciadamente, prevalecer en el mundo, inclusive del que podría golpearme ciegamente.

Desearía, llegado el momento, tener ese instante de lucidez que me permita pedir el perdón de Dios y el de mis hermanos los hombres, y perdonar, al mismo tiempo, de todo corazón, a quien me hubiera herido. Yo no podría desear una muerte semejante. Me parece importante proclamarlo. (…)

Conozco también las caricaturas del Islam fomentadas por un cierto islamismo. Es demasiado fácil creerse con la conciencia tranquila identificando este camino religioso con los integrismos de sus extremistas. Argelia y el Islam, para mí son otra cosa, es un cuerpo y un alma. (…) Mi muerte, evidentemente, parecerá dar la razón a los que me han tratado, a la ligera, de ingenuo o de idealista:"¡qué diga ahora lo que piensa de esto!"

Pero estos tienen que saber que por fin será liberada mi más punzante curiosidad. Entonces podré, si Dios así lo quiere, hundir mi mirada en la del Padre para contemplar con El a sus hijos del Islam tal como El los ve, enteramente iluminados por la gloria de Cristo, frutos de su Pasión, inundados por el Don del Espíritu, cuyo gozo secreto será siempre, el de establecer la comunión y restablecer la semejanza, jugando con las diferencias. (…)

Y a ti también, amigo del último instante, que no habrás sabido lo que hacías. Sí, para ti también quiero este GRACIAS, y este "A-DIOS" en cuyo rostro te contemplo. Y que nos sea concedido rencontrarnos como ladrones felices en el paraíso, si así lo quiere Dios, Padre nuestro, tuyo y mío.”

Sin comentarios… no hay que decir nada más… ¡dice tanto…! Pido para todos la gracia de contemplar a los hermanos del Islam como Dios los ve, para poder perdonarles y amarles como El les ama.

M. Olga María, cscj