El verdadero "black friday"

EL VERDADERO BLACK FRIDAY

Si os acordais, en el otoño hay una campaña comercial que se conoce como «viernes negro» (en inglés Black Friday) y es el día que inaugura la temporada de compras navideñas con significativas rebajas en muchas tiendas minoristas y grandes almacenes. En su momento nos llenaron de carteles y rótulos publicitarios. Es un día después del Día de Acción de Gracias en Estados Unidos, es decir: se celebra el día siguiente al cuarto jueves del mes de noviembre. Esta “festividad comercial” comenzó en Estados Unidos y poco a poco, con la ayuda de las nuevas tecnologías y promocionado por parte de las distintas empresas, se ha ido extendiendo por el resto de países del mundo.

En España se ha impulsado esta celebración principalmente en ámbitos de compra en línea por medio de Internet y también expandiéndose no sólo el viernes, sino varios días como podrían ser jueves-viernes-sábado y domingo. Aunque no es tan popular como en ese país, las estadísticas indican que el volumen de búsqueda del término “Black Friday” en internet aumentó un 76.4% entre noviembre del 2013 y noviembre del 2014 y continúa creciendo. Además, cada vez son más los comercios que se suman a la celebración de este día que marca el inicio de las compras navideñas y diversas empresas participan ofreciendo grandes descuentos.

A mí todo esto no me parece ni bien ni mal… simplemente es así y punto. Pero me ha hecho pensar mucho: hace dos mil años hubo un «viernes negro», el más negro de la historia, el verdadero “black friday”. El evangelista Lucas nos cuenta que aquel viernes negro, mientras el Hijo de Dios se hallaba clavado en la Cruz, «toda la tierra quedó sumida en oscuridad». Ese día Dios hizo la mayor oferta que alguna vez hayan recibido los seres humanos: puso la salvación, de forma gratuita, al alcance de todos nosotros. Además, aquel renegrido viernes en el Gólgota, Dios no solamente hizo un simple descuento en nuestra deuda, ¡sino que la pagó por completo! Y… quedan ocho días justos para celebrar esa oferta única e inigualable y… ¡qué poco marketing le hacemos!

Nos da vergüenza y reparo pararnos a decirlo aún a los que somos creyentes y es triste y penoso ver a muchas personas preparando las vacaciones de Semana Santa como las de verano. Me apena ver cómo hemos secularizado las cosas más sagradas y cómo frivolizamos con lo más trascendental y con el sentimiento religioso de muchas personas. La Semana Santa para un creyente no puede ser un descanso más, ni unas vacaciones más: es el momento del Black Friday más importante, de la oferta más revolucionaria e inigualable, que de verdad cambió el curso de la historia -y de la historia personal de cada uno- y creo que no deberíamos desperdiciar la ocasión.

M. Olga María, cscj