A - Dios Amado

A - Dios Amado

Los que sois del barrio obviamente conocéis la parroquia de San Vicente antes de que llegara Amado, pero para mí me resulta difícil imaginarla sin él. Parte de nuestra opción por la fe, radica en una disponibilidad, que en el caso de los presbíteros adquiere una movilidad irrenunciable. De hecho Amado ha estado en la parroquia más tiempo de lo habitual. Quiero escribir unas líneas que a él se que le enrojecerán pero que no puedo evitar, porque si no lo escribo, reviento. Y eso, que a priori sé que me van a faltar palabras y que lo más importante se quedará por decir.

Este mundo en el que todos participamos, lo importante son unas apariencias que no son sólo más que eso. Incluso también en la vida sacerdotal, que es también humana, cuenta la importancia del destino, con su carrera eclesiástica y la importancia de lo no importante (como si lo mejor no fuera simplemente estar al servicio del Señor). Pero esto, no se da en Amado. Y todos lo sabemos.

Conocí a Amado en uno de los momentos más difíciles de mi vida, cuando simplemente entraba a la Iglesia y le decía al Señor: “Señor, si es posible que pase de mí este Cáliz…”, de forma que casi me costaba hasta articular las palabras. Él me sostuvo y me mantuvo en nuestra querida Iglesia. Discretamente, y me consta que con muchas personas, ha encarnado al Jesús acogedor que todos necesitamos. Sé que he recibido de ál mucho más de lo que le he dado. Siempre ha estado ahí, y recuerdo muy pocas veces que haya pedido nada.

Ha bautizado a dos de mis hijos, y me casó con Paz. Y dio los últimos sacramentos a mi madre. Me río cuando pienso en los berenjenales que le he metido, como por ejemplo al hacerle acudir al acto solemne cuando fui nombrado Cavaller Jurat de Sant Vicent Ferrer. Y también han habido lágrimas: recuerdo cómo se le escapó una al salir de concederle a mi madre en nombre de la Iglesia, los Últimos Sacramentos.

Hombre de pocas palabras, y poca parafernalia, como si para el lo importante fuera simplemente el Señor. Y su entrega a Él. En realidad tiene bastante de carácter monacal. A mucho puede aspirar el hombre, pero no se me ocurre nada mejor que a encarnar la bondad de Dios en este mundo y estar ahí para cuando las personas acudan a tí. Y así es como yo veo a mi amigo y a mi hermano Amado. A quien, no tengo duda, que nuestro amigo común Jesús puso en mi camino, para que no desfalleciera. Creeré en Dios en cualquier circunstancia, pero al pensar en ciertas personas, es que la certeza de Dios se me hace carne y vida.

Obviamente esto no es un adiós. Porque las cosas de Dios son para siempre, y las amistades que Él siembra son eternas. Si acaso es un a-Dios (hacia Dios)... SIEMPRE.

Gracias Amado por tu entrega, por tu disponibilidad, por tu amistad, por tu sencillez, por tu sacerdocio, y por tu ejemplo. Pido al Señor que siempre te sostenga en tu generosidad y a San Vicente Ferrer, que siempre te acompañe. Y en nombre de la Comunidad Parroquial, te doy las gracias por tantas y tantas cosas.

GRACIAS.

J. Agustín Blasco