El Profetismo

El Profetismo

Dios nos habla al modo humano, y nos busca. Nos revela verdades. “La palabra del Señor hizo el cielo” (Sal 33). La palabra de Dios es mandato: ”Exista la luz; y la luz existió”. La palabra se convierte en acción eficaz. Dice San Agustín: “Por medio de hombres y al modo humano, Dios nos habla, porque hablando así nos busca”.

Dios ha creado al hombre libre, lo hace señor de sus acciones, y la historia es la acción colectiva de los hombres. Dios actúa en la historia engranando la libertad humana y nos da su palabra. Dirige la palabra a su pueblo a través de hombres. Así surge el profeta. La palabra no es para que se la quede el profeta, sino para que el profeta nos hable de su parte. Dios se sienta como rey, para dar órdenes, como juez, para pronunciar sentencia, se inclina para sugerir, se abaja para implorar.

El profeta es el mensajero de la palabra de Dios en la historia y para la historia.

Al modo humano; en debilidad.

Si Dios actúa en la historia por medio de la palabra, acaso ¿la palabra de Dios se cumple siempre? El hombre que la pronuncia es débil; se dirige a corazones humanos, torpes, cobardes. Se puede querer escapar, como hace Jonás, o callarse, como hace Jeremías. Puede cerrar los oídos o endurecer el corazón. La palabra de Dios se vuelve débil, casi desvalida. Dice Isaías: “La hierba se agosta, se marchita la flor, pero la palabra de Dios se cumple siempre” (40,8).

El Antiguo Testamento nos muestra que personajes débiles o contradictorios son enviados a proclamar la Palabra. Amós es sacado de su tierra para profetizar al extranjero; Oseas, el marido burlado, descubre a Dios en su humillación; Jeremías, seducido por Dios (Jr 20) lo persiguen a muerte, y Ezequiel es un profeta mudo. Sorprendente.

Por medio de hombres.

Dios toma a los profetas y los prepara, los pone a su disposición: “ A donde yo te envíe, irás, lo que yo te mande, dirás” (Jr 1,7). Su vida sigue, pero su disponibilidad está abierta a la misión.

Al servicio de la Palabra.

“El Señor me ha dado lengua de discípulo, para que haga saber al cansado una palabra alentadora. Mañana tras mañana despierta mi oido, para escuchar como discípulo” (Is 50,4-5). El profeta es el ministro de la Palabra y artista del lenguaje. Lo elabora, lo enriquece, lo transforma y lo adapta. Cada profeta tiene su estilo propio. Utilizan imágenes y símbolos poéticos. En sus palabras se encarna y se comunica la Palabra de Dios.

En principio la palabra profética era oral: “Escuchad la palabra del Señor”. Excepto oráculos de recitación única (p.ej. Palabra de Natán a David) las profecías eran recitadas en público, varias veces en diversos lugares y ocasiones.

Hay momentos en que la palabra oral comienza a fijarse por escrito, para facilitar su difusión, tanto por los propios profetas o sus discípulos. En estas colecciones de escritos puede suceder lo que ya comentamos en temas anteriores: hay adiciones, correcciones, adaptaciones.

Puntos esenciales del contenido.

El contenido religioso y humano es de inmensa riqueza. Señalamos cuatro puntos esenciales.

Instrucción, norma o disposición concreta que proclama o actualiza los preceptos de la alianza en nombre de Dios.

Interpretación de hechos históricos presentes o inminentes, como revelación divina. El profeta es el centinela de la historia.

Acusación o condena. Denuncia. Invitación a la conversión.

Promesa. Actualiza bendiciones de la alianza. Los profetas son educadores de la esperanza. Anuncio de una nueva alianza.

“Como bajan la lluvia y la nieve desde el cielo, y no vuelven allá, sino después de empapar la tierra, de fecundarla y hacerla germinar, para que de semilla al sembrador y pan al que come, así será mi palabra, que sale de mi boca: no volverá a mí vacía, sino que hará mi voluntad y cumplirá el encargo” (Is 55,10).

La palabra profética nos llega a nosotros través del Mesías glorificado: “En múltiples ocasiones y de muchas maneras habló Dios antiguamente a nuestros padres por los profetas. Ahora, en esta etapa final, nos ha hablado por el Hijo” (Hb 1,1s). Todas las profesas se cumplen en él y en el don de su Espíritu. Él nos ilumina con nueva luz las palabras de los profetas y les da pleno sentido. La palabra de los profetas pretende vivir “de generación en generación”, haciéndose contemporánea de todos y estableciendo un diálogo con nosotros.

Función del profeta.

El profeta no tiene un “puesto fijo”. Es como una tromba que invade la plaza, el palacio, el atrio del templo. Sus gritos resuenan en toda la sociedad, la sacude, la despierta y le recuerda que cumpla las obligaciones de la alianza con Dios. Está obligado a explicar la palabra divina escrita en la ley. Pero había claras interferencias entre el profeta, el sacerdote y el rey. Y también entre profetas.

Profeta y sacerdote: culto.

Los profetas denuncian muchas veces en Israel el culto que se está haciendo en el templo, porque pierde la referencia e Dios. Lo rechazan. Exigen justicia. Entre ellos, el profeta Amós. “Vais en contra de la alianza, porque reducís a esclavitud a vuestros hermanos. (2,7) La tierra es mía y vosotros sois ante mi forasteros e inquilinos. Pues bien, yo os estrujaré debajo, como estruja el carro que está lleno de haces” (2,11-13)

En otras épocas, el profeta forma parte del templo.

Profeta y rey: política.

La autoridad del rey ante el pueblo le venía de Dios. Había sido designado, tenía un carácter sagrado. Controlaba todo, la guerra y la paz, construía templos y controlaba la liturgia. Este es el prototipo de David. Ante este poder absoluto, el profeta podía ser servil con el rey o declararse en rebeldía. David recibe la profecía de Natan, que le denuncia su actitud.

El profeta debe conducir al pueblo hacia la fidelidad a Dios. Así lo aconsejó Isaías, cuando rechazaba alianzas externas. Jeremías aconseja la rendición, aunque no corresponde al profeta las decisiones políticas, pero le recuerda al rey que tiene que dejarse iluminar por las tradiciones de Israel. Por este motivo, el rey necesita del profeta.

Profeta contra profeta: el falso profeta.

No todo el que profetiza es profeta. Hay que desenmascarar a los falsos profetas. Éstos tienen sueños y visiones e introducen sus palabras, como palabra del Señor. Aparecen con frecuencia mencionados por la clase dirigente. Suelen llevar una conducta inmoral. Muy frecuentes en el Reino del Norte. Su fuente de inspiración son ellos mismos, ofrecen al pueblo falsas seguridades, impiden la conversión, profetizan por lucro, explotan al pueblo, quieren agradar a los hombres.

Ejemplo de éstos en:
Jr 5,31; 4,14; 14,14;
Mq 2,8-10; 3,5; 3,11
1Re 22,6
Is 28,7;
Ez 13,21;

El profeta lucha frente a ellos: “lucharán contra ti, pero no te podrán, porque yo estoy contigo para librarte” (Jr 1,19).

Profeta y pueblo: cuestión social e intercesión.

Las relaciones entre el profeta y el pueblo tienen dos aspectos: la reacción profeta ante la situación social. Y la lucha del profeta contra Dios en favor del pueblo culpable: la intercesión profética.

Cuestión social. La relación del pueblo con Dios, se basa en la alianza. Cuando la alianza decae, el profeta tiene que denunciar. “Por haber despreciado la Ley de Yahveh y no haber guardado sus preceptos, porque los han extraviado sus mentiras, las que ya habían seguido sus padres, yo enviaré fuego a Judá, que devorará los palacios de Jerusalén”. (Am 2,4-5). “Porque venden al justo por dinero y al pobre por un par de sandalias, pisan contra el polvo de la tierra la cabeza de los débiles, y el camino de los humildes tuercen; hijo y padre acuden a la misma moza, para profanar su santo Nombre”. (Am 2,6-7). “Yo detesto vuestras fiestas, no me gusta el olor de vuestras reuniones solemnes. Si me ofrecéis holocaustos, no me complazco en vuestras oblaciones… Acostados en camas de marfil, arrellanados en sus lechos, comen corderos del rebaño y canturrean al son del arpa, se inventan como David, instrumentos de música, beben vino en anchas copas, se ungen con los mejores aceites, mas no se afligen por el desastre de José”.(Am 5,21-22; 6,4-6)

La intercesión. El profeta es el mediador privilegiado de la alianza. El profeta ora, insiste, para alejar del pueblo la cólera del Señor. Ejemplos tenemos en la oración de Abraham, para que no destruya la ciudad de Sodoma (Gn 18,16-33). La Súplica de Moisés, para que no destruya al pueblo que se ha construido el becerro de oro. (Ex 32,11-14).

Profeta - historia - escatología

El profeta es el que ayuda a interpretar la historia de la salvación, lee los acontecimientos. La historia tiene su centro en Dios, que es el maestro de la historia. Dios abre la historia, como Creador, pero también se revela en la historia, acompañando al pueblo. El pueblo lo va descubriendo gracias a los profetas, la va revelando. La Dei Verbum nos actualiza esta comprensión.

Hechos y palabras se complementan y van iluminando hasta llegar a Jesucristo, en quien se cumplen todas las profecías. La escatología nos aporta la “novedad definítiva”. Los profetas hablan de un futuro en que “entra” algo completamente nuevo.

Géneros proféticos.

Podemos clasificarlos en cuatro grupos:
Oráculos: Sentencias, Debates, Alegorías, Instrucciones, Exhortaciones, Escatologías.
Narraciones: Vocaciones, Sueños, Visiones, Acciones simbólicas.
Palabras dirigidas a Dios. Confesiones, Liturgias.
Otros. Canciones, Himnos, Cartas

La Biblia católica reconoce 17 profetas: 5 mayores y 12 menores, dejando aparte a los profetas de los primeros tiempos: Elías, Eliseo, Natan…el propio Moisés, la profetisa Débora, Balaam. Cada uno tiene su personalidad, vive en una época, tiene una misión concreta.

El Libro de Isaías.

El propio libro, habla de que Isaías actuó en los reinados de varios reyes, que abarcan del 767 al 698 a.C. Es un periodo muy amplio. Además se ocupó del periodo del destierro en Babilonia, que corresponde mediados del siglo VI. Observamos marcadas diferencias de estilo y también de índole teológica. Hay imágenes de Dios en los cap. 40-66 que no se corresponde con lo expresado en los cap. 1-39. Desde los cap. 56-66 se acentúa el interés por el culto. Para entenderlo mejor, lo dividiremos el libro de Isaías en tres partes: el Proto isaías, el Deutero isaías y el Trito isaías.

¿Quién era Isaías? No hay muchos datos, pero debió nacer hacia el 760, en el reinado de Ozías, seguramente en Jerusalén, por su cultura. Su predicación y su fe se basará en la monarquía davídica y en Jerusalén, por la elección de Dios sobre ellas. Su vocación fue temprana. Entiende el plan de Dios para su pueblo. Habla al pueblo de la santidad de Dios, tiene conciencia del pecado (personal y colectivo), de la necesidad de un castigo y la esperanza de salvación. Toda su existencia está volcada en el servicio a la misión que Dios le encomienda. Es fuerte y tenaz, se enfrenta a los reyes cuando es necesario y no se deja abatir. Su denuncia social la dirige la la clase dominante por su lujo y orgullo, por su codicia desmedida y sus injusticias. Defiende a los pobres, oprimidos, huérfanos y viudas.

Ante la amenaza enemiga, les invita a estar tranquilos y atentos, porque Dios no dejará de salvar a su pueblo. Lo contrario de la fe, dice, es buscar seguridades humanas, pactar con los enemigos.

El Mesías aparece como quien implanta la justicia y el derecho. Los capítulos del 7-12 son llamados “Libro de Emmanuel”y está presentado como un oráculo de anunciación.

Isaías está contando la historia de Israel, su forcejeo con el rey Acaz. Cuando Dios hace una promesa, le da un signo que lo confirma.

“El pueblo que andaba en tinieblas vió una luz grande. Los que vivían en tierra de sombras, una luz les brilló. Acrecentaste el regocijo, hiciste grande la alegría. Alegría por tu presencia, cual la alegría en la siega, como se regocijan repartiendo el botín. Porque el yugo que les pesaba …. has roto, como el día de Madián. … Porque un niño nos ha nacido, un hijo se nos ha dado, Estará el señorío sobre su hombro, y se llamará “Maravilla de Consejero”, “Dios fuerte”, “Siempre Padre”, “Principe de Paz”. (Is 9,1-5).

Convertirse, para Isaías es restablecer las rectas relaciones entre Dios y el hombre. Lo único importante y decisivo es el Señor. El profeta desea provocar en el pueblo el encuentro con Dios, la aceptación plena de lo divino, en medio de lo humano.

Extiende la paz humana a los animales, en un nuevo paraíso, el Monte Santo, donde Dios está presente, guiados por lo más débil, el niño.

“Saldrá un vástago del tronco de Jesé, un retoño de sus raíces brotará. Reposará sobre él el espíritu de Yahveh, espíritu de sabiduría e inteligencia, espíritu de consejo y fortaleza, espíritu de ciencia y temor de Yahveh. Y le inspirará en el temor de Yahveh. No juzgará por apariencias, ni sentenciará de oídas. Juzgará con justicia a los débiles y sentenciará con rectitud a los pobres de la Tierra”. (Is 11,1-4)

El regreso del exilio, la vuelta a Sión, la refleja Isaías en este pasaje: “El desierto y el yermo se regocijarán, el páramo florecerá de alegría, como flor de narciso desbordando de gozo y alegría; la gloria del Líbano le ha sido dada, el esplendor del Carmelo y del Sarón. Ellos verán verá la gloria del Señor. el el esplendor de nuestro Dios. Fortaleced las manos débiles, robusteced las rodillas vacilantes. Decid a los de corazón cansado: ¡Ánimo, no temáis! Mirad a vuestro Dios que trae el desquite; viene en persona y os salvará” (Is 35,1-10).

El segundo libro, Deuteroisaías, (Caps. 40-55) es llamado el Libro de la Consolación.

“Consolad, consolad a mi pueblo, dice vuestro Dios: hablad al corazón de Jerusalén gritadle que se ha acabado la esclavitud y está pagado su crimen. Una voz grita en el desierto: Preparad un camino al Señor, allanad en la estepa una calzada para nuestro Dios; que los valles se levanten, que montes y colinas se abajen, que lo torcido se enderece y lo escabroso se nivele. Y se revelará la gloria del Señor y la verán todos los hombres juntos” (Is 40,1-5).

Este texto se interpretó primero como un “añadido” de tiempos del exilio a las colecciones de Isaías, ú otro profeta que también se llamaba Isaías. De la persona que lo escribió no podemos asegurar nada más. Relata el gran “poema” de la vuelta del destierro, en la que el Señor ha hecho historia con el pueblo. Es como un segundo éxodo. En el primer éxodo el pueblo sale de Egipto, de la esclavitud. Dios es el protagonista de la acción, que realiza Moisés. En el segundo éxodo, del exilio de Babilonia, es sacado por el Señor en persona. De la boca de Dios sale un mandato que se cumple. El pueblo sale de la cautividad. El Señor lo rescata. Ahora “vuelven”. El Señor tiene que triunfar sobre múltiples resistencias: Babilonia, la soberbia, sus dioses y la magia.

En este “bloque” aparece 21 veces la palabra ‘ebed’ = siervo. El Siervo es el modelo de paciencia, fidelidad, inocencia. El Nuevo Testamento los aplica a Jesús y, de hecho aparecen en la liturgia. En Hch 8,34s, el diácono Felipe, a partir de Is 53 anuncia al eunuco etíope la buena noticia de Jesús. Pregunta: ¿De quién dice esto el profeta?

“Felipe corrió hasta él y le oyó leer al profeta Isaías; y le dijo: «¿Entiendes lo que estás leyendo?» El contestó: «¿Cómo lo puedo entender si nadie me hace de guía?» Y rogó a Felipe que subiese y se sentase con él. El pasaje de la Escritura que iba leyendo era éste: «Fue llevado como una oveja al matadero; y como cordero, mudo delante del que lo trasquila, así él no abre la boca. En su humillación le fue negada la justicia; ¿quién podrá contar su descendencia? Porque su vida fue arrancada de la tierra.» El eunuco preguntó a Felipe: «Te ruego me digas de quién dice esto el profeta: ¿de sí mismo o de otro?» Felipe entonces, partiendo de este texto de la Escritura, se puso a anunciarle la Buena Nueva de Jesús. Siguiendo el camino, llegaron a un sitio donde había agua. El eunuco dijo: «Aquí hay agua; ¿qué impide que yo sea bautizado?» (Hch 34, 30-36).

¿Quién es para el profeta y para el pueblo el Siervo, el Siervo de Yahveh? ¿Isaías, Ozías, Moisés, Nehemías…el propio pueblo de Israel? Hay estudiosos que piensan en estos personajes, pero no niegan que estos cantos hallaron su plena realización en la persona de Jesús.

Mateo aplica a Jesús el primer canto en (Mt 12-18-21), es el texto que lee Jesús en la sinagoga de Nazareth: “He aquí mi Siervo, a quien elegí, mi Amado, en quien mi alma se complace. Pondré mi Espíritu sobre él, y anunciará el juicio a las naciones. No disputará ni gritará, ni oirá nadie en las plazas su voz. La caña cascada no la quebrará, ni apagará la mecha humeante, hasta que lleve a la victoria el juicio: en su nombre pondrán las naciones su esperanza”(Is 42,1-4).

El segundo canto del Siervo (Is 49,1-7) habla de la misión del Siervo en relación con las naciones, para alumbrarlas. Del fracaso y de la confianza en Dios.

“¡Oídme islas, atended pueblo lejanos! Yahveh desde el seno materno me llamó, desde las entrañas de mi madre recordó mi nombre Hizo mi boca como espada afilada… Me dijo: Tu eres mi siervo, Israel, en quien me gloriaré…

En el Tercer canto del Siervo (Is 50,4-11) el profeta se muestra como el sabio, discípulo de Yahveh encargado de enseñar a los que temen a Dios y a los extraviados “que andan a oscuras”a poner su esperanza en Dios. Gracias a su ayuda divina soportará las persecuciones. Se lee el Domingo de Ramos.

“El Señor me ha dado una lengua de discípulo, para que haga saber al cansado una palabra alentadora. Mañana tras mañana despierta mi oído, para que escuche como los discípulos. El Señor me ha abierto el oído. Y yo no me resistí, ni me hice atrás: Ofrecí mis espaldas a los que me golpeaban, miss mejillas a los que mesaban mi barba. Mi rostro no hurté a los insultos y salivazos. El Señor me ayuda, por eso puse mi rostro como el pedernal, sabiendo que no quedaría defraudado.Cerca está el que me justifica

¿quién discutirá conmigo?… El Señor me ayuda, ¿quién me condenará? … “ (Is 50,4-11).

El cuarto canto del Siervo, que se lee como 1ª lectura el Viernes Santo, su tema es el sufrimiento y las persecuciones que sufrirá el Siervo con gran paciencia. (Is 52, 13-53, 12)

“Mirad, mi siervo tendrá éxito, subirá y crecerá mucho.
Como muchos se espantaron de él, porque desfigurado no parecía hombre,
ni tenía aspecto humano, así asombrará a muchos pueblos,
ante él los reyes cerrarán la boca, al ver algo inenarrable y contemplar algo inaudito.
¿Quién creyó nuestro anuncio?, ¿a quién se reveló el brazo del Señor?
Creció en su presencia como brote, como raíz en tierra árida, sin figura, sin belleza.
Lo vimos sin aspecto atrayente, despreciado y evitado de los hombres,
como un hombre de dolores, acostumbrado a sufrimientos,
ante el cual se ocultan los rostros, despreciado y desestimado.
Él soportó nuestros sufrimientos y aguantó nuestros dolores;
nosotros lo estimamos leproso, herido de Dios y humillado;
pero él fue traspasado por nuestras rebeliones, triturado por nuestros crímenes.
Nuestro castigo saludable cayó sobre él, sus cicatrices nos curaron.
Todos errábamos como ovejas, cada uno siguiendo su camino;
y el Señor cargó sobre él todos nuestros crímenes.
Maltratado, voluntariamente se humillaba y no abría la boca; como cordero llevado al matadero, como oveja ante el esquilador, enmudecía y no abría la boca….
Mi siervo justificará a muchos, porque cargó con los crímenes de ellos.
Le daré una multitud como parte, y tendrá como despojo una muchedumbre.
Porque expuso su vida a la muerte y fue contado entre los pecadores,
él tomó el pecado de muchos e intercedió por los pecadores”.

Varios versículos de este cuarto canto han sido tomados en : Mt 8,17; Lc 22,37; Hch 8,32ss; 1Pe 2,22-24.

Nos acercamos al final. El profeta lleva una mercancía excelente, porque “el hombre no vive solo de pan, sino de todo lo que sale de la boca de Dios”. Agua y pan en el éxodo; leche en la tierra prometida, vino del banquete.

”¡Atención, sedientos!, acudid por agua, también los que no tenéis dinero:
venid, comprad trigo, comed sin pagar, vino y leche de balde. ¿Por qué gastáis dinero en lo que no alimenta? ¿y el salario en lo que no da hartura?
Escuchadme atentos, y comeréis bien, saborearéis platos sustanciosos. Prestad oído, escuchado y viviréis. Sellaré con vosotros una alianza perpetua, la promesa que aseguré a David”…. (Is 55,1-5)

Buscad al Señor, mientras se deja encontrar, invocadlo mientras esté cerca.

Que el malvado abandone su camino y el criminal sus planes;

que regrese al Señor y él tendrá piedad; a nuestro Dios, que es rico en perdón.

Mis planes no son vuestros planes, vuestros caminos no son mis caminos… (Is 55,6-11)

El Tercer Isaías. (Caps 56-66)

Algunos exégetas piensan que el autor es el mismo del Segundo Isaías, que ya ha regresado de Babilonia. La vuelta a Jerusalén conlleva nuevos problemas sociales y cultuales. Sobre todo, deja ver que el pueblo pasa del entusiasmo de la vuelta a la decepción porque parece que no se han cumplido las maravillas anunciadas. Surgen tensiones entre los desterrados y los que permanecieron en Judá.

Es muy usado en el N.T. por Mt, Mc y Lc, Rom, Ef, 1Cor y 2Pe.

Pondera el ayuno y denuncia su mal uso.

“El ayuno que yo quiero es éste: abrir las prisiones injustas, dejar libres a los oprimidos, partir tu pan con el hambriento, hospedar a los pobres sin techo, vestir al desnudo y no cerrarte a tu propia carne” (Is 57,6-7).

Y sobre el sábado:

“Si detienes tus pies el sábado, y no traficas en mi día santo; si llamas al sábado tu delicia, y honras el día consagrado al Señor; si lo honras absteniéndote de viajes, de buscar tu interés, de tratar tus negocios, entonces el Señor será tu delicia”. (Is 58,13)

Denuncia el pecado, como obstáculo para la salvación.

“Por mi parte, dice el Señor, -éste es mi pacto con ellos. El espíritu mío, que te envié; las palabras mías, que puse en tu boca, no se caerán de tu boca, ni de la boca de tus hijos, ni de la boca de tus nietos, nunca jamás -lo ha dicho el Señor-” (Is 59,21) .

Define la misión del profeta, que Lucas pone en boca de Jesús en la sinagoga de Nazaret:

“El Espíritu del Señor está sobre mí, porque el Señor me ha ungido. Me ha enviado para dar una buena noticia a los que sufren, para vendar los corazones desgarrados, para proclamar la amnistía a los cautivos y a los prisioneros la libertad, para proclamar el año de gracia del Señor, el día del desquite de nuestro Dios; para consolar a los afligidos, los afligidos de Sión; para cambiar su ceniza en corona, su luto en perfume de fiesta, su abatimiento en traje de gala” (Is 61,1-3).

Alaba la nueva Jerusalén: el triunfo de Jerusalén, para nosotros la Iglesia, consiste en convertirse en esposa del Señor.

“Desbordo de gozo con el Señor, y me alegro con mi Dios:
porque me ha vestido un traje de gala y me ha envuelto en un manto de triunfo,
como novio que se pone le corona, o novia que se adorna con sus joyas.
Como el suelo echa sus brotes, como un jardín hace brotar sus semillas,
así el Señor hará brotar la justicia y los himnos ante todos los pueblos.
Por amor de Sión no callaré, por amor de Jerusalén no descansaré,
hasta que rompa la aurora de su justicia, y su salvación llamee como antorcha.
Los pueblos verán tu justicia, y los reyes tu gloria;
te pondrán un nombre nuevo, pronunciado por la boca del Señor.
Serás corona fúlgida en la mano del Señor y diadema real en la palma de tu Dios.
Ya no te llamarán «Abandonada», ni a tu tierra «Devastada»;
a ti te llamarán «Mi favorita», y a tu tierra «Desposada»,
porque el Señor te prefiere a ti, y tu tierra tendrá marido.
Como un joven se casa con su novia, así te desposa el que te construyó;
la alegría que encuentra el marido con su esposa, la encontrará tu Dios contigo. (Is 61, 10-62,9).

El profeta habla de la Nueva creación:
“Mirad, yo voy a crear un cielo nuevo y una tierra nueva:
de lo pasado no haya recuerdo ni venga pensamiento,
más bien gozad y alegraos siempre por lo que voy a crear;
mirad, voy a transformar a Jerusalén en alegría y a su población en gozo;
me alegraré de Jerusalén y me gozaré de mi pueblo,
y ya no se oirán en ella gemidos ni llantos…
El lobo y el cordero pacerán juntos, el león como el buey comerá paja.
No harán daño ni estrago por todo mi Monte Santo
-dice el Señor-.” (Is 65,17-25)

Y termina con el Discurso escatológico:

“Yo vengo a reunir a todas las naciones y lenguas, vendrán y verán mi gloria. Pondré en ellos señal y enviaré de ellos algunos escapados a las naciones, a las islas remotas que no oyeron mi fama, ni vieron mi gloria. Ellos anunciarán mi gloria a las naciones… Y traerán a todos vuestros hermanos de todas las naciones como oblación a Yahveh….” (Is 66,18-24).

José Luis Ferrando Lada