Dios al encuentro del hombre

Dios al encuentro del hombre

Hoy comenzamos, un largo recorrido para conocer mejor la Biblia. No es un viaje cualquiera, sino algo vital para nosotros, para todo cristiano. Pero antes de iniciar este camino juntos, vale la pena que nos preguntemos: ¿Qué es para mí la Biblia? ¿Por qué es importante?¿No me basta con las veces que la he leído y oído?

Para ti, ¿qué es la Biblia? ¿Qué sabes de ella? ¿Para qué te sirve?.

En la medida que la “reconocemos” como Palabra de Dios tiene sentido este viaje. Para conocerla mejor. La Biblia no es un libro que se lee como cualquier otro, una página detrás de otra. La Biblia cuenta nuestra historia: la tuya y la mía.

Cuenta la Historia de Salvación que Dios hace con el hombre, con nosotros. A la Biblia nos podemos aproximar de muchas maneras. Simplemente desde el punto de vista cultural o desde la fe.

Pero nuestro acercamiento a ella solo tiene sentido desde la fe. Sin la fe, la Biblia solo sería un libro, o mejor dicho una biblioteca, porque contiene muchos libros.

Una definición de la Biblia

Llamamos Biblia o Sagrada Escritura a la colección de libros que «escritos bajo la inspiración del Espíritu Santo, que tienen a Dios como autor, y como tales libros inspirados han sido entregados a la Iglesia».

En la definición de la Biblia, hay dos características principales de los libros que la componen:

a) que son divinamente inspirados, y tienen a Dios por autor principal. Ésto lo distingue de cualquier otro libro.

b) Y que han sido entregados a la Iglesia. Son unos libros concretos que han de cumplir unos criterios. Se llaman canónicos. Y contienen el depósito de la revelación.

Solo la unión de estas dos características corresponde a los libros bíblicos.

Nombres de la Biblia

El nombre castellano “Biblia” es una transcripción del latín “Biblia” “Biblia” se corresponde al hebraico séfer, (-erim) que significa = documento(s) escrito(s), libro(s). Nombre con el que ya en el AT designaron los hebreos a sus libros sagrados (Is 34,16; Dn 9,12; 2 R 8,8).

Otros nombres dados a la Biblia: Sagrada Escritura.

La división Antiguo y Nuevo Testamento, del latín Vetus et Novum Testamentum, proviene de las grandes partes que abarca la Biblia, y se relaciona con el vocablo hebreo berith (= alianza).

Los hebreos llaman: Thóráh, a la Ley; Nebiim, al conjunto de Profetas y Kethúbim, al resto de Escritos, indicando con ello los tres grandes grupos de libros que integran el Antiguo Testamento.

Finalmente, los cristianos nombramos la Biblia, como: libros canónicos, libros santos, Sagradas Letras, Palabra de Dios, etc.

Divisiones y partes de la Biblia.

Las división de la Biblia en Antiguo y Nuevo Testamento procede del cristianismo primitivo. En total, la Biblia se compone de 73 libros, de los cuales 46 constituyen el Antiguo Testamento y 27 el Nuevo Testamento.

El Antiguo Testamento fue dividido por los hebreos en tres partes:

1) Thóráh (Ley) o Pentateuco porque comprendía los 5 primeros libros;

2) Nebi’im (Profetas), divididos en Nebi’im hare’sonim (profetas anteriores), desde Josué al 2º libro de los Reyes, y Nebi’im ha’ajarónim (profetas posteriores), que comprenden desde Isaías hasta Malaquías.

3) Kethúbim (Hagiógrafos, o Escritos - el resto de los escritos sagrados- (Sal, Prov, Job, Cant, Ruth, Lam, Eccl, Est, Dan, Esd, Neh, 1 y 2 Cro o Par).

Hoy día, en la Iglesia, la división más corriente es la llamada lógica, porque hace relación especialmente con el contenido de los libros; consta de tres grandes divisiones, que se aplican paralelamente a uno y otro Testamento: históricos, sapienciales (o didácticos) y proféticos.

Antiguo Testamento (46 libros):

Históricos: 21

Pentateuco: Génesis, Éxodo, Levítico, Números y Deuteronomio.

Libros Históricos: Josué, Jueces, Rut, 1º y 2º Samuel, 1ºy 2º Reyes, 1ºy 2º Crónicas, Esdras, Nehemias, Tobías, Judit, Ester, 1º y 2º Macabeos.

Sapienciales: 7 Libros Poéticos y Sapienciales

Job, Salmos, Proverbios, Eclesiastés (Qohelet), Cantar de los Cantares, Sabiduría y Eclesiástico)

Proféticos: 18

Isaías, Jeremías, Lamentaciones, Baruc, Ezequiel y Daniel; Oseas, Joel, Amós, Abdías, Jonás, Miqueas, Nahúm, Habacuc, Sofonías, Ageo, Zacarías y Malaquías.

Nuevo Testamento (27 libros)

Históricos: 5

Evangelios: Mateo, Marcos, Lucas y Juan.

Hechos de los Apóstoles

Didácticos: 21

Cartas de san Pablo: (Romanos, 1ª y 2ª Corintios, Gálatas, Efesios, Filipenses, Colosenses, 1ª y 2ª Tesalonicenses, 1ª y 2ª Timoteo, Tito, Filemón

Carta a los Hebreos;

Cartas Apostólicas: Santiago, 1ª y 2ªPedro, 1ª, 2ª y 3ª Juan; Judas

Proféticos: 1

Apocalipsis

Capítulos y versículos

Los antiguos escribas hebreos (sóferim) dividieron el A.T. en versículos (pesúqim).

Al final de cada libro, hacia los s. VI- VII d.C., los masoretas consignaron el número total de versículos que lo componían (masora finalis).

Los masoretas eran judíos que trabajaron entre los siglos VII y X de nuestra era en las ciudades de Tiberíades y Jerusalén como sucesores de los soferim o escribas y eran los responsables de hacer copias fidedignas de las escrituras sagradas.

El término hebreo masoret ( מסורת ) significa "tradición". Designa la compilación de tradiciones rabínicas relativas al texto bíblico que los masoretas recogieron en los márgenes superior e inferior de cada página de un manuscrito. Eran las notas que iban poniendo en los textos para saber como deletrear palabras, pronunciación, o las palabras con letras perdidas.

El texto masorético, se le considera el más fiable del Antiguo Testamento. El Códex de Aleppo, del siglo X, es la versión más antigua conocida del texto masorético de la Biblia hebrea. El Códex Leningradense que data del año 1008 es la versión masorética completa más antigua que se conserva actualmente.

Para facilitar las citas se fueron introduciendo en el uso cristiano varias divisiones en párrafos relativamente largos, capítulos (capita, kefálaia). La actual división de la Biblia en capítulos se introdujo en 1214. Stephan Langton fue insertando las citas en las copias de la Vulgata (versión latina de la Biblia, traducida por San Jerónimo).

A partir se ahí, se fueron copiando hasta ser admitida en las ediciones impresas en todos los idiomas. Más tarde, Sanctes Pagnini dividió cada capítulo en versículos numerados, en la edición latina de la Biblia hecha en Lyon en 1528. Pagnini añadió los números de los versículos al margen de las líneas, pero sólo en los libros protocanónicos de ambos Testamentos; para el A.T. siguió las divisiones en versículos hechas ya por los masoretas. Hacia mediados del mismo s. XVI, Roberto Stephan extendió el sistema a los libros deuterocanónicos. Así surgió la actual división en capítulos y versículos. La división en capítulos y versículos no es de los autores sagrados y no está inspirada.

La Revelación bíblica y otras “revelaciones”.

Las antiguas culturas de Egipto, de Sumer y Assur, de la India o de Persia, los oráculos de la antigua Grecia, han dejado «textos sagrados» en que, cada uno a su modo, ofrecen diversas manifestaciones, «revelaciones» de la divinidad. Un análisis de esos textos, según lo que ellos mismos nos dicen y valorados desde la fe cristiana, nos manifiesta que la palabra “revelación”, en esos casos, ha de entenderse en un sentido lato: es decir, con ella se hace referencia a la manifestación de Dios en la creación, cómo se refleja el poder divino en el mundo y en las cosas, percibido por el hombre en el uso normal de su inteligencia, acompañado a veces de experiencias subjetivas (oración intensa, etc.).

Hay una diferencia cualitativa entre lo que ocurre en otras religiones y lo que acontece en Israel, y luego en la Iglesia, que están edificados sobre una Revelación en sentido propio: es decir, no es un mero manifestarse de Dios a través de las cosas creadas, sino un formal hablar de Dios.

Por designio gratuito y libre, Dios se escogió un pueblo para mostrarse a él en una manifestación progresiva, para constituirlo como su verdadero testigo ante toda la humanidad. «Dios, que en diversas ocasiones y de muchos modos habló en el pasado a nuestros padres por medio de los profetas, en estos últimos tiempos nos ha hablado por medio del Hijo...» (Heb 1,1).

Esta larga revelación, esta milenaria Palabra de Dios a los hombres, ha sido consignada por escrito en los libros de ambos Testamentos. «Este plan de la revelación se realiza con palabras y gestos conexos entre sí, en la historia de la salvación… Pero la verdad íntima acerca de Dios y acerca de la salvación humana se nos manifiesta por la revelación de Cristo, que es, a un tiempo, mediador y plenitud de toda la revelación» (Conc. Vaticano II, Const. Dei Verbum n° 2: Nota).

Es de mucho interés, para este punto, recordar lo que dice en Verbum Domini (1ª parte), Seleccionamos este párrafo:

“Teniendo presente estos elementos esenciales de nuestra fe, podemos contemplar así la profunda unidad en Cristo entre creación y nueva creación, y de toda la historia de la salvación.

La Biblia como libro

Después, por distintas circunstancias, a veces en sucesivas redacciones y en tiempos muy distantes de los acontecimientos (casi unos 900 después de lo sucedido con Abraham y unos 300 después de lo sucedido con Moisés, se redactan por escrito la historia de Abraham y la liberación de Egipto), se empiezan a poner por escrito, esas experiencias de vida y de fe.

Por fin, coleccionan y "editan" las distintas tradiciones orales y escritas en los libros que hoy llamamos Biblia.

La Biblia escrita es, pues, la expresión de las experiencias vitales de un pueblo vividas en la fe.

Dios "eligió como pueblo suyo al Pueblo de Israel, pactó con él una Alianza, y lo instruyó gradualmente revelándose a sí mismo y los designios de su voluntad a través de la historia de ese pueblo" (Vaticano II, Constitución sobre la Iglesia, 9).

Dios ha hablado, ha dicho su "Palabra" en la vida, antes que en el libro. La Biblia como libro es "Palabra de Dios", porque antes, la vida ha sido "Palabra de Dios". Nosotros los cristianos creemos con Jesús y sus apóstoles, con la Iglesia, que la Biblia entera es "Palabra de Dios". Pero también no podemos dejar de ver que la Biblia es también "palabra de hombres". Y son dos aspectos de una misma realidad que no podemos sacrificar el uno al otro. Es Palabra de Dios sin dejar de ser palabra de hombres. Y es palabra de hombres sin menoscabar nada su ser de palabra de Dios. Y es verdaderamente palabra de Dios, y verdaderamente palabra de hombres. Esta es nuestra fe. Algo así como la fe que tenemos en Jesús, que es verdadero Dios y verdadero hombre.

Para empezar… la palabra.

La biografía del hombre, dice el teólogo Valerio Mannucci, es en el fondo, una biografía de la palabra. Somos seres vivientes respiramos, caminamos, pero, únicamente por la palabra, sobre todo la que nos relaciona con el otro, el hombre se hace persona, es decir, hombre en el pleno sentido de la palabra.

La palabra auténtica es un misterio, porque es en ella donde nace el mismo ser.

Mediante la palabra, el hombre profundiza en el sentido de las cosas, les da nombre, las humaniza, las comunica.

Ante la palabra del otro, lo profundo del hombre se estremece. El hombre es realmente un ser visitado y la casa donde se hospeda es la palabra. Quien sabe custodiar la palabra, halla el sosiego y el verdadero sentido de las cosas y de las personas que le salen al encuentro. La biografía del hombre se va desarrollando gradualmente hasta que se identifica con lo que la Palabra de Dios le dice a él. Esta palabra está a nuestra puerta y llama: si abrimos, le damos posibilidad de entrar, y cena con nosotros. (Ap. 3,20)

Dios nos habla en la Sagrada Escritura, por medio de los hombres y de una forma humana. La historia de la Biblia es la historia de la Palabra de Dios a los hombres. El Antiguo y el Nuevo Testamento no hacen otra cosa que descubrir el itinerario de la palabra de Dios que: crea el mundo (Gn 1), llama a Abraham (Gn 12,1ss), y a Moisés (Ex 3,7ss), les lleva a la Tierra Prometida (Jos 1), suscita profetas (Os, Jer…) toma rostro humano en Jesús de Nazaret (Jn1,1-14), se difunde, crece, expande en la Iglesia (Hch 6..) y anuncia el Mundo Nuevo (Ap 19).

Pero en ningún lugar de la Biblia nos encontramos con la palabra de Dios directamente. Llega en forma humana y en lenguaje humano. Es más, el pueblo de Israel se asusta de oírle en el Sinaí (Dt 4,32-36).

Dice el evangelista Juan “la Palabra de Dios se hace carne” (Jn1,14) y el la 1ª Carta “La vida eterna que estaba junto al Padre” y “la Palabra de vida que hemos oido, que hemos visto con nuestros ojos, que hemos contemplado y que hemos tocado con nuestras manos”(1Jn 1,1-4).

Todavía podemos sacarle más jugo a la “palabra” definiendo sus funciones: porque 1ª) el hombre es el ser que habla, que da nombre, que llama a la existencia no se puede quedar ahí, porque no puede expresarse de una manera definitiva, lo hace con limitaciones. La palabra tiene función de informar de hechos, sucesos, de ahí vendría la Historia, la Ciencia, la Didáctica.

Además, 2ª) la palabra expresa, dice algo de sí: transmite fuerza, alegría, sorpresa, miedo, “se desenmascara”, se arriesga.

Y 3º) la palabra busca relación, del yo al tu. Porque el hombre vive para el encuentro y para la comunión. Es un “ser con”. Se dirige al otro. La palabra, por tanto es “llamada”.

El lenguaje de la amistad y el amor reúne la triple función de la palabra.

LA TRADICIÓN.

La Biblia: Palabra de hombres.

La Biblia, considerada sólo como libro, es una colección de libros escritos a través de muchos siglos, por diversos autores, muchos de ellos desconocidos.

Más de diez siglos (1.000 años) pasan desde que se comienza a escribir hasta que se termina de escribir el Antiguo Testamento, o sea el conjunto de libros de la Biblia anteriores a Cristo; y se tardan unos cien años en escribir el conjunto de libros bíblicos posteriores a Cristo, que se refieren a él, y que llamamos Nuevo Testamento.

No pocos de los libros de la Biblia se escribieron mucho después de los acontecimientos que ellos narran, partiendo normalmente de tradiciones que se conservaban en la memoria de las gentes y que se transmitían oralmente.

Abraham vivió hacia el año 1850 antes de Cristo; el Éxodo, o salida de Egipto, se realizó con Moisés sobre el año 1225 antes de Cristo. Y es hacia el año 935 antes de Cristo cuando se realiza el primer trabajo de interpretación, actualización y redacción por escrito de estas historias de Abraham y de Moisés. Este primer trabajo es fruto de un "teólogo" del siglo X al que se le conoce con el nombre de "Yahvista" (Y), contemporáneo del rey Salomón. Más todavía: la redacción, tal como ha llegado a nosotros, es sobre el año 400 antes de Cristo. Y esta redacción, la de los cinco primeros libros de la Biblia (Pentateuco), recoge cuatro redacciones anteriores.

Hay también que tener presente que todos estos libros se terminaron de escribir ya hace casi más de dos mil años. Y que casi todos los libros del Antiguo Testamento (A.T.) se escribieron en hebreo y arameo, que son idiomas semitas muy distintos de los nuestros y que no conocemos bien. Todos los libros del Nuevo Testamento (N.T.) están escritos en el griego llamado "común", no en el griego culto, clásico.

Es decir, que los libros de la Biblia fueron escritos en tiempos y lugares, por gentes y lenguas muy distintos de los nuestros.

Los escritores bíblicos son auténticos autores humanos, que expresan ideas muchas veces puramente humanas, con formas y modos de expresión correspondientes a la cultura, geografía, desarrollo social, historia... de su tiempo.

REVELACIÓN

“El Dios invisible, por medio de la Revelación, habla a los hombres como amigos (Col1,15; ™ 1.17), movido por su gran amor (Jn 15,14-15) y mora con ellos (Ba 3,38), para invitarlos y admitirlos a la comunión con Él”. (D.V. 2)

La Revelación es la conversación de Dios con los hombres. El Señor hablaba con Moisés cara a cara, lo mismo que un hombre habla con su amigo”. (Ex 33,11).

“Vosotros sois mis amigos… No os llamaré ya siervos, sino amigos” (Jn 15,14-15) Al revelarse, Dios habla el lenguaje de la amistad y el amor. Dios llama, convoca, interpela a los hombres, a los creyentes que escuchan, acogen y viven la Palabra de Dios, a los “kletoi”, los “llamados”, a la “Ekklesia”, asamblea de reunidos.

Ese diálogo está llamado a establecer una comunión de vida, que la Biblia llama Alianza. Las etapas que jalonan esa historia de la Alianza, marcan el ritmo en el que se desarrolla el diálogo revelador entre Dios y el hombre.

Desde la primera llamada de Dios al hombre “¿Dónde estás?” (Gn 3,9) se establecen TU del hombre frente al YO divino. Es la señal del amor divino que necesita del hombre para construir la ciudad humana de Dios.

A medida que la Alianza va cobrando profundidad, va tomando el símbolo del amor conyugal, las dos partes, Dios y el pueblo, se encaminan a un diálogo entre iguales.

Decimos que la Biblia está inspirada porque está escrita bajo el influjo de Dios.

Pero "inspiración" no es lo mismo que "revelación".

Todo lo que escriben los hombres, autores humanos de la Biblia como libro, es "inspirado", es decir, ha sido consignado por escrito porque así lo ha querido Dios. Pero muchas de las cosas "inspiradas" de la Biblia no nos "revelan" nada de Dios, nos transmiten noticias sobre Dios y su actuación en la historia de los hombres, pero no nos dan un mensaje religioso.

En la Biblia hay a veces historias escabrosas (Gn 19, 30s.; 38, 12s; 1 R 11, ls) escenas de crueldad (Jos 6, 17 s.; 7, 26 s.), expresiones de venganza de un pequeño pueblo (Salmos 58, 137); viejas leyes injustas (Ex 21, 23 s.), hoy inservibles (Dt 21, 10-14), visiones del mundo erróneo (Gn 1,6; 7, 11-12), etc., que no son más que la expresión de la ignorancia y pasiones de aquellos hombres a los que Dios respeta. “Porque las palabras de Dios expresadas con lenguas humanas se han hecho semejantes al habla humana, como en otro tiempo el Verbo del Padre Eterno, tomando la carne de la debilidad humana, se hizo semejante a los hombres”(Dei Verbum, 13).

Pero, en todo el conjunto de la Biblia, Dios se nos "revela"; nos "dice" quién es Él, cuál es su modo de ser y obrar, cuáles son los planes que tiene sobre el hombre, las relaciones de alianza y fidelidad que quiere establecer con los hombres, cómo los hombres tienen que expresar su fidelidad en el cumplimiento de la Ley.

También alerta a los hombres sobre el pecado como ruptura de esa "Alianza", les anuncia la "liberación" total, etc.

La Revelación es palabra personal de Dios, no es una verdad abstracta o conjunto de verdades, sino que es una Persona que me habla, me busca, me llama e invita, va dirigida a un “oyente”. “Shemá, Israel, escucha Israel (Dt 6,4). “Escuchad hoy la voz del Señor (Sal 95,8). La Biblia quiere un Pueblo, y busca en el creyente, un oyente.

El fin de la lectura no es una ciencia, un conocimiento intelectual, sino una “sabiduría” que “gusta y saborea” y desemboca en una fe obediente que nos lleva a un abandono, un compromiso que llena toda la vida. Como el diálogo de la amistad y el amor. ¿Quien es mi madre, mi hermana y mi hermano?

La Palabra es inagotable, insondable por ser Palabra viva y personal de Dios. Es "revelación" consignada por escrito (Biblia como libro), vivida en la historia (Biblia como vida).

El Dios de la Revelación es un Dios que actúa. No le basta la palabra de amistad y amor. Dios se revela actuando. Dios habla y crea (Gn 1). No solamente creación cósmica y humana, sino que los mismos acontecimientos de la historia de la salvación son efecto de la Palabra de Dios (Is 55,10-11).

LA INSPIRACION DE LA BIBLIA

“La inspiración es la acción que el Espíritu Santo ejerce sobre los escritores sagrados para determinarlos a escribir, con su concurso constante y su influencia directa, las verdades que él quiere manifestar a los hombres” (Dicc. de Teología Católica).

Pero la inspiración no es mas que un caso particular, el más importante, en la utilización del concepto clásico de inspiración. En efecto, desde la Antigüedad, la inspiración es lo que reciben los poetas, artistas, el soplo divino que mueve el alma, el pensamiento y el acto del escritor sagrado.

En las versiones antiguas de la Biblia y en la Vulgata de San Jerónimo, se habla de “divina inspirata”, “inspirada por Dios” aplicado a la Escritura. "Tú, en cambio, persevera en lo que aprendiste y en lo que creíste, teniendo presente de quiénes lo aprendiste, y que desde niño conoces las Sagradas Letras, que pueden darte la sabiduría que lleva a la salvación mediante la fe en Cristo Jesús. Toda Escritura es inspirada por Dios y útil para enseñar, para argüir, para corregir y para educar enla justicia; así el hombre de Dios se encuentra perfecto y preparado para toda obra buena." (2 Tm 3, 14-16). La palabra “inspiratus” se encuentra también en (2P 1,20-21)"Pero, ante todo, tened presente que ninguna profecía de la Escritura puede interpretarse por cuenta propia; porque nunca profecía alguna ha venido por voluntad humana, sino que hombres movidos por el Espíritu Santo, han hablado de parte de Dios."

Ésta es la primera declaración explícita y formal en el “joven”cristianismo sobre la inspiración bíblica. La tradición posterior, desde los Padres de la Iglesia hasta nuestros días no ha dejado de reafirmar esta doctrina, formulada en griego desde ella misma.

La íntima conexión entre Espíritu de Dios y Palabra de Dios aparece ya en el Antiguo Testamento. Según Is 34,16, en el libro de Yahvé actúa la boca y el Espíritu de Yahvé. Ne 9,30 “Tu les amaestras con tu Espíritu por boca de tus profetas”.

El Nuevo Testamento hereda este mismo vínculo entre Palabra de Dios y el Espíritu de Dios. Se dice que es necesario que se cumpla cuanto el Espíritu Santo ha predicho en la Escritura por boca de David (Hch 1,16) y que Dios por medio del Espíritu hablo por boca de David (Hch 4,25). Pedro afirma que “el Espíritu de Dios que actúa por la palabra de los profetas, no es otro que el mismo Espíritu de Cristo” (1P 1,10-12).

Esta acción de Dios, que se llama "inspiración", no quita nada al trabajo y aporte de los hombres como autores. Ellos obran como cualquier otro autor literario usando sus propias facultades y medios: investigan, comprueban, corrigen... (lee 2 M 2, 25-33; Lc 1, 1-4). Es decir, que el influjo de Dios en esos autores se realiza sin que por ello los redactores de la Biblia dejen de ser "verdaderos autores" literarios de sus obras.

Se da como una "inspiración colectiva": por ejemplo, los cinco primeros libros de la Biblia recogen tradiciones contadas oralmente durante siglos antes de ponerse por escrito. Podemos suponer que también gozaron de la "inspiración" de Dios los que las transmitieron oralmente.

Doctrina del Concilio Vaticano II

La Doctrina de la Iglesia enseñada por el Vaticano II, en relación a este tema, queda resumida en los siguientes apartados:

1º. “La verdad divinamente revelada, que está contenida en los libros de la Sagrada Escritura, fue escrita por inspiración del Espíritu Santo.

2º. La Santa Madre Iglesia, por la fe apostólica, conserva íntegramente todos los libros sagrados y canónicos, tanto del Antiguo, como del Nuevo Testamento, con todas sus partes como escritos bajo la inspiración del Espíritu Santo.

3º. Tienen a Dios por autor y como tales han sido confiados a la Iglesia.

4º. Por la composición de los Libros Sagrados, Dios enaltece y se sirve de los hombres por la posesión de sus facultades y capacidad, a fin de que actuando Él en ellos y por su medio, escribieron como verdaderos autores todas y solo aquellas cosas que Él quiso que fuesen escritas.

En estas palabras fundamentalmente se enseña que no esta contenida en la Biblia toda la revelación, puesto que la plenitud de la revelación se encuentra en la Tradición de la Iglesia y en la Sagrada Escritura.

El pensamiento de los Santos Padres y de los principales teólogos y Papas, queda contenido en estos apartados:

1. Los autores cristianos del siglo II, comparan al autor humano con un instrumento musical tocado o pulsado por Dios.

2. Desde tiempos de San Ambrosio y San Agustín, (siglo IV), se considera a Dios como autor de la Sagrada Escritura.

3.Santo Tomas (siglo XIII), enseña que Dios es autor principal, y el escritor humano autor instrumental.

4. El Papa León XIII, siguiendo a Santo Tomás dice que “el Espíritu Santo se ha servido de hombres como instrumentos, para escribir”.

5. Pío XII enseñaría lo mismo en la encíclica Divino afflante Spiritu.

6. El Vaticano II habla de verdaderos autores, pero no emplea el vocablo instrumento, sin negar por ello, sino admitiendo que los autores humanos están subordinados a la acción de Dios.

Definición del concepto de inspiración

“La inspiración, pues, en el sentido bíblico es una acción divina o influjo sobrenatural por el cual Dios ilumina el entendimiento del autor sagrado al escribir un libro y mueve eficazmente su voluntad para que exprese la verdad que él mismo quiere expresar, resultando así Dios autor principal del libro, y el hombre autor secundario e instrumental “(M. Martín Sánchez, Manual de la Sagrada Escritura, Tomo I, editorial Palabra, Madrid 1976, p 35).

Por lo tanto, en la inspiración de la Sagrada Escritura entran tres factores.

1. Dios que inspira. Este factor es denominado inspiración activa.

2. El hagiógrafo (Autor humano) que es inspirado, receptor de la inspiración. A este segundo factor se le llama inspiración pasiva.

3. El libro como término de la inspiración. Recibe este factor el nombre de inspiración terminativa.

La inspiración que Dios infunde en el hagiógrafo consiste en:

1. Una ilustración sobrenatural del entendimiento, que le ayuda al autor humano a pensar y concebir intelectualmente con rectitud.

2. Una moción de la voluntad, que le lleva a querer escribir con fidelidad lo que ha puesto en su entendimiento.

3. Una asistencia divina, a favor del hagiógrafo, para que escriba de hecho todas las cosas y solo aquellas que Dios quiere.

“Ahondando un poco más, podemos decir que cada facultad humana recibe la fuerza del Espíritu Santo según su propia naturaleza. Así en el entendimiento produce efectos de iluminación y conocimiento sobrenatural; en la voluntad mociones e impulsos para decidir; en la imaginación visiones y representaciones; en las facultades de realización practica, capacidad para llevar a cabo las decisiones del entendimiento y de la voluntad”

De lo que acabamos de decir, debe concluirse que el núcleo dogmático en relación a la naturaleza de la inspiración puede expresarse así:

“Los libros de la Sagrada Escritura, a diferencia de los demás libros, se caracterizan por haber sido escritos gracias a un influjo sobrenatural que llamamos inspiración divina, la cual incidiendo sobre los autores humanos de tales libros ha operado la circunstancia de que la Biblia se obra literaria que tiene a Dios y al hombre conjuntamente como verdaderos autores. Dios como autor principal, el hombre como autor auxiliar o instrumental; esta acción conjunta divino-humana garantiza el origen divino de la Biblia y su verdad en orden a nuestra salvación”.

Respecto a la naturaleza de la inspiración es preciso tener en cuenta las siguientes observaciones:

1. La inspiración no consiste solo en un mandato o invitación de Dios al escritor humano, dejándole después con sus solas capacidades o recursos.

2. La inspiración tampoco es solo un cuidado especial del Espíritu Santo para que no yerre el autor. Eso seria la infalibilidad.

3.“La inspiración de la Sagrada Escritura implica un influjo específico y positivo del Espíritu Santo en las facultades del escritor, de tal profundidad y eficacia que se puede decir que la obra escrita tiene al Espíritu Santo (Dios) como autor principal”

4.“La acción del Espíritu Santo no debe imaginarse como limitadora de las facultades humanas, sino, más bien, como potenciadora de las mismas”.

5. “La acción inspiradora del Espíritu Santo no hemos de imaginarla como la de un mecanógrafo o secretario que escribiera al dictado. Los autores bíblicos son verdaderos autores de sus escritos, en un grado no inferior al de cualquier otro autor humano”.

LA VERDAD DE LA BIBLIA

Dios es la verdad absoluta y la Biblia es la Palabra de Dios, porque es libro inspirado. ¿Quiere decir esto que todo lo escrito en la Biblia es verdad? Para responder a ese interrogante, conviene tener en cuenta estas reflexiones:

1. La Iglesia siempre investigó lo que Dios quiso decirnos en cada pasaje de la Sagrada Escritura por medio de los autores humanos, y el móvil de esta investigación fue, muchas veces, intentar salvar las supuestas o reales contradicciones entre lo enseñado por la ciencia y lo dicho por la Biblia.

2. Esta preocupación alcanzó especial importancia con los avances científicos del siglo XIX. Ante esa situación, León XIII publicó la Encíclica Providentissimus Deus, en la que hace suya la posición de San Jerónimo, según la cual, la aparente contradicción entre la afirmación bíblica y la verdad objetiva se debe a alguno de estos supuestos:

- O a una falsa transmisión del texto.

- O a una falsa traducción.

- O a una falsa comprensión del intérprete.

3. Posteriormente, ha ido desarrollándose un concepto más maduro y matizado de la verdad de la Biblia, es decir, de lo que la Iglesia entiende cuando dice que lo contenido en la Biblia es verdad (veracidad de la Biblia), o lo que es lo mismo, la Biblia está libre de error (inerrancia de la Biblia ).

4. A esto han colaborado muchos factores y, de entre ellos, resaltan los siguientes:

-Mejor conocimiento y comprensión, en los tiempos actuales sobre la formación de los escritos bíblicos, a través de los tiempos.v

-La reflexión y conocimiento de los géneros literarios, de los que se sirvieron los hagiógrafos en el ambiente y época, en la que escribieron.

-La distinción entre lo que el autor quiere presentar como doctrina acerca de Dios y acerca de su acción en la historia de la salvación y, por otra parte, aquellas expresiones que son meros modos de hablar propios de la época.

La enseñanza del Vaticano II

Tal como hemos visto en el tema anterior, el concilio Vaticano II, en el número 11 de la Constitución Dei Verbum, enseña:

"Pues como todo lo que los autores inspirados o hagiógrafos afirman debe tenerse por afirmado por el Espíritu Santo, hay que confesar que los libros de la Escritura enseñan firmemente, con fidelidad y sin error la verdad que Dios quiso consignar en las Sagradas Letras para nuestra salvación ".

El mismo documento del Vaticano II, en el número 12, afirma:

"Dios habla en la Escritura por medio de hombres y en lenguaje humano; por tanto el interprete de la Escritura, para conocer lo que Dios quiere comunicarnos, debe estudiar con atención lo que los autores querían decir y Dios quería dar a conocer con dichas palabras ".

Recogiendo orientaciones precedentes del Magisterio de la Iglesia, la enseñanza del Vaticano II puede resumirse en estos puntos:

1. Lo que quieren decir los autores inspirados ha de tenerse como dicho por el Espíritu Santo.

2. La Biblia enseña la verdad que Dios quiso revelar de cara a nuestra salvación, no otra verdad.

3. La Biblia enseña esa verdad con firmeza, fidelidad y sin error.

Por lo demás, para conocer lo que Dios quiere revelarnos y los autores quieren transmitirnos hay que tener en cuenta estas afirmaciones:

a. La verdad revelada para los hombres de todos los tiempos aparece, en la Biblia, vinculada a modos de decir y mentalidades propios de la época en que se escribieron los libros.

b. Hay que distinguir, por lo tanto, entre:

- Lo que pertenece al núcleo de la verdad que se revela ( esto es la verdad revelada ),

- Y lo que es un modo de pensar de un tiempo determinado ( esto no forma parte de la verdad revelada )

- Poe ejemplo: Los sinópticos describen el fin del mundo, de acuerdo con las ideas del judaísmo de entonces. En esos pasajes evangélicos, el núcleo de la verdad es que el mundo terminará (ésta es la verdad revelada) y la mentalidad de aquella época queda reflejada en los modos de expresar esa verdad (esos modos no forman parte de la verdad revelada ).

Naturaleza de la verdad revelada

En la Biblia, Dios nos comunica su verdad en orden a la salvación de todos los hombres.

Esa verdad revelada comprende:

- Verdades de orden metafísico: la realidad de Dios, la inmortalidad del alma.

- Acontecimientos históricos salvadores: acciones en favor de Israel, encarnación de Jesucristo, muerte de Jesús en la cruz, su resurrección...

- Promesas: anuncio de la segunda venida de Cristo, la resurrección de los cuerpos, la visión beatífica de los que mueren en gracia...

- Exigencias ético-morales: las bienaventuranzas, el doble precepto del amor, el mandamiento nuevo...

Aunque sea una redundancia, estas verdades son absolutamente verdaderas y, por tanto, no puede darse error alguno respecto a las mismas.

La verdad de la Biblia versus las cuestiones físicas e históricas.

La Biblia, conviene no olvidarlo, es un libro de naturaleza religiosa y, por ello, no científica. Por eso, no pretende enseñar ni dar explicaciones científicas sobre la naturaleza física; tampoco pretende informarnos con total exactitud acerca de la historia humana.

Teniendo en cuenta esto, debe afirmarse:

- Cuando la Biblia habla sobre los seres que componen el mundo físico, lo hace según los conocimientos y según el lenguaje vulgar de aquel momento.

- Cuando la Biblia habla sobre hechos históricos de la vida política o cultural, se garantiza su realidad, es decir, sucedieron, pero no se puede olvidar la perspectiva religiosa de la Biblia, lo cual explica que se acentúen ciertos aspectos, se dejen en segundo lugar otros, y se den ciertas lagunas en fechas o sucesión temporal.

Por otra parte, los libros y pasajes de la Sagrada Escritura deben ser interpretados con arreglo al género literario que tienen (género histórico, parábolas, poético, etc..).

Hay ciertas actitudes y comportamientos morales, en la Biblia, y sobre todo en el Antiguo Testamento, que nos sorprenden. Como ejemplos, hacemos referencia a los siguientes:

1. Las mentiras de Abraham y Jacob:

-Abraham le dice a su mujer Sara que diga que es su hermana (Gn 12,1-10 ); Jacob suplanta a Esaú ( Gn 27 )v

2. Crueldades de la conquista de Canaán ( Jos 6, 17-26 ):

-“Pasaron por la espada a hombres y mujeres, niños y viejos, bueyes, ovejas y asnos” en la conquista de la ciudad de Jericó.

3.El sacrificio de la hija de Jefté por su propio padre (Jc 11,30-40).

¿Qué hay que decir sobre estas conductas morales? La respuesta podría agruparse en seis apartados:

En la mayoría de los casos, el autor no aprueba ni recomienda esta conducta. El autor tampoco presenta a los patriarcas siempre como hombres ejemplares, más bien como hombres necesitados de la gracia de Dios.

Y, además, que la Biblia, especialmente el Antiguo Testamento:

- No es, en primer lugar, un código moral.

- Es, ante todo, historia de la salvación, en la que los hombres son también protagonistas con su carácter, conducta, violencia de las guerras, etc..

- En esa historia concreta y real, interviene el gran protagonista que es Dios; para: Manifestar su misericordia, su fidelidad, su propósito de salvar al hombre concreto, especialmente a su querido pueblo y esto, a pesar de sus miserias y pecados.

Preservar a su pueblo de la idolatría a la que estaba inclinado. Este designio divino aparece en las guerras contra los pueblos paganos. En este contexto de historia de la salvación, la Biblia es testimonio de la condescendencia de Dios:

Va llamando a los hombres a una vida moral más elevada, pero acomodándose a la debilidad moral, en la que éstos se encuentran en cada época.

Dios actúa en el proceso de una evolución histórico-moral, hasta llegar a la plenitud moral de Cristo.

En este sentido, la Biblia refleja: la pedagogía divina en la educación moral y religiosa del pueblo. Es una pedagogía que acompaña al hombre respetando sus etapas en el camino hacia la madurez.v

Dios conduce a los hombres poco a poco, a través de experiencias concretas y enseñanzas proféticas, y así lo lleva al nivel de la conciencia moral del Nuevo Testamento.

José Luis Ferrando Lada