Curso Alpha: sesión 3

¿Cómo puedo estar seguro de mi fe?

En la última charla de Don Vicente Collado nos decía que “la fe más que una racionalidad es una afectividad”.

Mucho ha insistido la Iglesia desde hace siglos, especialmente al adoptar  como en otras religiones -  Avicena, Maimonides… -  las categorías aristotélicas  al pensar de la fe, engendrando una Escolástica digna de elogio con unos razonamientos filosóficos contundentes.

Y si me apuran yo soy el primero que piensa que detrás de las palabras de Jesús están unas “leyes universales” tan compatibles como la ley de la gravedad y todas las leyes físicas… siempre y cuando “se opte por ello”…

En definitiva, por muy racional que sea nuestra fe, si no optamos por manifestarla en nuestra vida, poco surgirá de ello.

Un signo equilibrio entre racionalidad y emotividad, se me antoja lo más conveniente, como en cualquier otra relación.

Siempre y cuando tengamos claro “que el que nos hizo enteros nos quiere enteros” (San Agustín).  Y que la racionalidad no debe ser un último resquicio de yo personal para mantener un control aunque sea mínimo, sino que lo debe llamar a una entrega total.

Nuestra fe no es la asunción de una serie de afirmaciones (dogmas); nuestra fe es vida entregada. Me encanta la frase y, la tomo por cierta de: “A Jesús solo puede conocérsele desde el seguimiento” (“y dejando todo le siguieron”).

No basta decir: creo en la comida, creo en la higiene, creo en la justicia, hay que comer, ducharse, ser justo…

El verbo DODEKO en griego no solo puede traducirse como “creo” sino también como “confió” podríamos probar algún domingo a recitar: Confío en el Padre, confió en el Hijo, confió en el Espíritu Santo…

Cuando yo estudiaba nos decían que “la fe es creer en lo que no se ve”. Obviamente es una definición muy deficiente: ¿debo creer en las vacas que vuelan porque nunca he visto una? Me gusto la definición que vi en los materiales ALPHA: “la fe es aceptar las promesas de Dios”. Cuando creo, cuando opto por Dios, cuando me “enchufo” a la energía que Dios es, le abro paso, soy su instrumento y lo hago presente en este mundo.

“Si tuvieras la fe de un grano de mostaza”….

Este mundo de hoy escucha con atención las seguridades que ofrecen los videntes y tarotistas de los canales temáticos que cobran y esclavizan. Y olvidan las grandes promesas de dignidad, poder y misericordia que el Padre ofrece en el Hijo.

Frente a la condicionalidad falsa de la serpiente “sereis como dioses”, el hijo del Hombre repite lo dicho en el Salmo: “¿No habéis leído que se dijo?: ¡“sois dioses”! Jn, 10, 34.

A menudo pienso que la fe es el acto de confianza de enchufarnos a la red eléctrica; que hace que seamos lo que estamos llamados a ser: televisión, nevera, lavavajillas…. Lo que sea,  pero ¡funcionando!

Hoy me llegó un “post” en mi muro de Facebook: “A quien da un pequeño paso de fe, se le abre una senda.” Es cierto ¿Recordáis la escena de Indiana Jones en su tercera prueba para acceder al cáliz de la cena?

Sea por falta de sabiduría, por falta de amor, por falta de confianza, lo cierto es que la vida de fe, no es fácil ni sus caminos sin dudas o angustias. Los episodios evangélicos de Pedro caminando sobre las aguas, y la tempestad mientras el Señor duerme bien lo reflejan. Su mensaje es claro: No hay que temer; el Señor está aunque no lo parezca.  Y se puede caminar sobre las aguas siempre y cuando no se dude y se mire y escuche, sólo al Señor.

Cuando apareció el libro “Ven, se mi luz” sobre el epistolario de la madre Teresa de Calcuta, muchos se horrorizaron de las extrañas luchas de fe que esta Santa tenía continuamente, hasta incluso llegar a dudar de la existencia de Dios. Nunca dejo de hacer lo que se esperaba de ella, a pesar de todo.

Quiero concluir con las múltiples interpretaciones que el Señor hace a sus discípulos por su falta de fe (como a nosotros), a pesar de tantos milagros vistos, aún se duda, aún no se comprende….. No pasa nada. Que nadie se desmoralice. Pero recordad las Palabras del Maestro: “Haréis cosas aún más grandes que yo”…. Si no las hacemos es por miedo a la cruz, falta de comprensión, falta de fe. ¡De todo un poco!

Mc. 11,24 “Por tanto, os digo que todo lo que pidierais orando, creed que lo recibiréis, y os vendrá.”

En esta secuencia, SI NO SE CREE, NO SE OBTIENE. ¿VER PARA CREER? ¿O CREER PARA QUE SE VEA?

¡Dichosos los que creen (confían) sin ver!

J. Agustín Blasco