punto de encuentro con la Vida

COMENTARIO AL EVANGELIO DEL JUEVES 23 DE MAYO

Jn 15, 9–11. “permaneced en mi amor”.

Jesús nos pide que nos amemos como él nos ama, pero hoy nos revela que él nos ha amado como Dios Padre lo ama a él. Por tanto, Jesús nos ofrece un amor divino, un amor que va más allá de nuestra capacidad de amar. Sabernos amados por Dios nos lleva a la confianza absoluta, a la paz profunda de nuestro corazón. Pero una segunda enseñanza de Jesús es que el amor no nos puede dejar inactivos, inmóviles. Es un amor que se vuelve operativo, que se expresa en la obediencia a los mandamientos, que vividos desde el amor se convierten en caminos y no en leyes. Vivir los mandamientos es la garantía de que avanzamos por el camino del amor de Dios y la expresión de la alegría que nace de lo profundo, una alegría creciente porque se apoya en la certeza de que es la alegría de Dios, la que no pasa, la que se convierte en manantial.

Amado Francisco Pau


Reflexión ofrecida por Verbum Dei

Fano: "Jesús me mueve a amar"

dibujo semanal de Fano

Vivirlo para compartirlo

LA UNICA REALIDAD DE ESTA VIDA

El miércoles fue un día muy fuerte para mí en el sentido de que en el mismo día recibí la noticia de la muerte de tres personas conocidas: la madre anciana de una buena amiga, un sacerdote muy allegado al monasterio y el obispo de Astorga. Los dos primeros estaban enfermos y se podía esperar, aunque siempre impresiona, pero el Obispo de Astorga… la verdad es que ha sido un mazazo inesperado.

Una vez más llego a la misma conclusión de siempre: que no se nos olvide que la muerte es la única realidad de esta vida. Que en cualquier momento puede llegar y que nos va a visitar, nos guste o no. Y que, ante la muerte, todos somos iguales: jóvenes y viejos, hombres y mujeres, creyentes y no creyentes… La muerte no hace acepción de personas: es la única realidad de esta vida, lo único que sabemos que -indefectiblemente- nos va a suceder a todos. Todo lo demás… es incierto, pero la llegada de la muerte es absolutamente segura: otra cosa es que no sepamos dónde o cuándo, o en qué circunstancias… pero va a llegar sin duda ¿Estamos preparados para recibirla, o seguimos viviendo como si fuéramos a estar en este planeta para siempre?

Nuestro tiempo de vida es limitado, no lo olvidemos, y además… no sabemos de cuánto disponemos. Por eso es bueno aprovecharlo bien y no malgastarlo, ni caer en el error de pensar y vivir como si fuéramos a estar aquí siempre. Cada instante de nuestra vida nos es dado, nos lo regalan… y podemos emplearlo bien o malgastarlo, pero no podemos retenerlo como quien recibe una moneda y la guarda en el bolsillo esperando y planeando la ocasión más acertada para gastarla en algo que merezca la pena.

El tiempo sólo “sirve” para una cosa: para hacer el bien. Y al final… es lo que nos queda: el bien que hayamos hecho y el amor que hayamos dado. Cada segundo que yo deje pasar sin amar y sin hacer el bien, es un segundo perdido y malgastado que ya nunca voy a poder recuperar. Y no vale decir que ya habrá más ocasiones, o que lo dejamos para más adelante, porque el tiempo se pasa y los segundos de vida que Dios me ha asignado se “gastan” y ya no vuelven y tienen un límite.

¿Cómo he empleado yo mi tiempo? ¿y cómo voy a emplear el que me quede? Dice San Juan de la Cruz que “a la tarde de la vida te examinarán en el amor”. Entonces no van a servirnos de nada los logros profesionales, ni académicos, ni el éxito personal, ni la eficiencia en el trabajo, ni la buena posición social y económica, ni el prestigio… A la hora de la muerte eso no cuenta: para ese examen puntúan únicamente la bondad y el amor.

Y ahora me diréis que algunos no estáis seguros de que ese examen exista… ya contaba con esa objeción. Para los creyentes no hay discusión: tenemos pendiente un examen de amor en un cara a cara con Dios, y para los no creyentes os digo: tenéis pendiente ese mismo examen ante vuestra propia conciencia, que será vuestro propio juez. Podéis abandonar este mundo con la paz de haber vivido para la bondad y el amor, o con el pesar de haber pasado por la vida sin haber hecho lo mejor, que es amar, y rindiendo tributo al egoísmo.

Por eso propongo que busquemos un ratito y en paz, serenamente, pero también muy sinceramente, examinemos cómo aprovechamos nuestro tiempo. En qué lo empleamos y -como diría Santa Teresa- determinarnos a no malgastar ni un segundo más y a lanzarnos inmediatamente a hacer todo el bien posible. Si todos hiciéramos eso… ¡cambiaríamos de raíz el mundo!

Madre Olga María