punto de encuentro con la Vida

COMENTARIO AL EVANGELIO DEL MIÉRCOLES 20 DE JUNIO

Mt 6, 1–6.16–18. “tu Padre, que está en lo secreto”.

Jesús nos invita a que vivamos nuestra fe como una relación personal con Dios. Algunos quieren aparecer ante los ojos de los demás como personas religiosas y, por eso, exhiben sus actitudes para ser reconocidos como tales. El Señor nos pide que cuidemos nuestra relación con Dios en la intimidad, que seamos personas creyentes que intentan agradar a Dios. Cualquier actitud que vivamos como expresión de nuestra fe (la limosna, la oración, el ayuno…) tienen que ayudarnos a mejorar nuestra relación con Dios, no a mejorar la opinión que los demás tienen de mí. De lo contrario vivimos una religiosidad falsa y tenemos una fe superficial. No es lo mismo ser una persona religiosa que creyente. Jesús nos quiere creyentes no de apariencia religiosa.

Amado Francisco Pau


Reflexión ofrecida por Verbum Dei

Fano: "Ven a mi tierra y siembre tu reino de amor"

dibujo semanal de Fano

Semillas de una nueva humanidad

LAS LENGUAS SON PARA COMUNICARSE

Una vez más Valdediós es escuela para mí… al fin y al cabo… un reflejo pálido de lo que sucede en “el mundanal ruido” cuando subimos las laderas de nuestro valle.

Por aquí llega gente con la que tenemos que comunicarnos en diversos idiomas y muchas veces chapurreando como podemos, porque nuestro dominio del coreano o del croata… deja mucho que desear, como podéis imaginar. Pero es bonito y enriquecedor… y a ese respecto podríamos narrar muchas anécdotas divertidas.

Hace unas semanas una señora se me acercó con cierto aire desafiante, diciéndome que si pensaba ser multilingüe siempre en la vida, que no valía la pena el esfuerzo, que me mantuviera en mi sitio y en mi identidad de española y que el que quisiera hablar conmigo… espabilase y aprendiera español. Me quedé perpleja, más que nada por el tono en que se dirigió a mí, pero luego me sonreí y le dije que las lenguas son para comunicarse, no para definir identidades, y menos para marcar un territorio. Yo no las concibo así, ni pienso pasar por esos conceptos arcaicos y de estrechez mental.

Creo que comunicarse con otras personas y transmitirles lo que para mí es importante, bien merece un esfuerzo que muchas veces no tiene por qué ser verbal -aunque no dejemos de intentarlo- pues hay muchos idiomas, como el de la sonrisa y el apretón de manos, la caricia y la mirada afable y cariñosa, que trascienden fronteras y culturas y son universales. A esa escuela de idiomas deberíamos apuntarnos todos.

No entiendo que algo que debería estar al servicio de la unidad y la comunicación, como es un idioma, lo utilicemos como arma arrojadiza y para humillar al otro, o para provocar y generar malestar, como sucedió con la señora que me interpeló aquel día. En ese caso… hablábamos la misma lengua, pues nuestra conversación tuvo lugar en español, mi lengua materna, y entendí perfectamente todas sus palabras, pero… ¿de qué me sirvió? Sólo dejó en mi corazón malestar y un sentimiento agridulce de incomprensión. Está claro que manejábamos el mismo idioma, pero diferentes lenguajes, y sirvió para dejar claro que no nos entendíamos, que no había concordia, a pesar de comprender perfectamente cada una de sus palabras.

Las lenguas son para comunicarse, pero solamente nos ayudan a comunicarnos: nada más, como no tengamos voluntad de compartir nuestro existir y lo que somos con los demás… no habrá comunicación de ningún tipo aunque sepamos muchísimos idiomas. No nos sirve de nada dominar perfectamente una lengua si no tenemos el corazón abierto. Las lenguas nos ayudan, pero lo que permite la comunicación de verdad es la apertura del corazón, de lo contrario… por mucho que se domine una lengua, no nos sirve para nada. Y lo más triste de todo es llegar a utilizarla como si fuera un arma arrojadiza, para ofender y abrir zanjas de separación.

Es normal que a cada uno nos tire nuestra lengua materna, pero… ¿cuál es mi lengua materna? En mi caso el español, en el que estoy escribiendo estas líneas, pero mi verdadera lengua materna, el primer lenguaje que me enseñó mi madre, y que es universal, se articula con el respeto, el cariño, la servicialidad, la delicadeza, la amabilidad, la buena cara… Ojalá este fuera el primer idioma de todos los seres humanos; creo que comunicarse sería mucho más fácil.

M. Olga María, cscj