punto de encuentro con la Vida

COMENTARIO AL EVANGELIO DEL JUEVES 17 DE ENERO

Mc 1, 40–45. “Compadecido, extendió la mano”.

Jesús hace presente la misericordia de Dios cuando se aproxima a los enfermos y necesitados. Hoy se acerca a Él un leproso y es admirable su actitud. Le suplica y confía en su voluntad. No exige ni impone nada, solo pide lo que necesita: la salud. Jesús se compadece y lo toca. Es la expresión del deseo de Jesús de sanar la lepra. Y así sucede, queda limpio. Le ordena que no lo extienda y que se presente al sacerdote para recuperar su dignidad y su condición de miembro del pueblo. Pero el hombre que ha recuperado la salud y el gozo, no puede ocultar quién lo ha sanado y se pone a divulgar la noticia. Jesús continúa su misión con más dificultad, sin dejarse detener por la fama que le precede.

Amado Francisco Pau


Reflexión ofrecida por Verbum Dei

CHARLAS SAGRADA ESCRITURA

EVANGELIO DE SAN LUCAS

Ponente: D. José Luis Ferrando. Profesor de Sagrada Escritura

DOMINGO 3 DE FEBRERO. Después de la Eucaristía de las 19:00h

Fano: "El agua y el Espíritu son el principio de todo"

dibujo semanal de Fano

Elegido

AÑO NUEVO, VIDA NUEVA

Retomar la vida “normal” después de Navidad supone para muchas personas un momento de crisis”. El día de Reyes me decía una señora que le parecía tristísimo que se acabaran las fiestas navideñas porque significaba que tenía que volverse a enfrentar a lo de siempre y a la realidad de sus dificultades familiares. Me decía que tendríamos que vivir siempre en una continua Navidad, con dulces, turrones y regalos. Yo… la verdad es que no le presté mucha atención en ese momento, pero recordando esa conversación y reflexionando después, me quedé no sé cómo… en parte perpleja y en parte con pena de no haberle dicho algunas cosas al respecto, y por eso voy a aprovechar para decirlas ahora aquí.

Lo primero de todo es que la Navidad es mucho más que un tiempo de dulces, lotería, regalos y luces. Para los creyentes es el tiempo de celebrar el nacimiento de Cristo, y aunque no se tenga fe… al menos la Navidad ha de ser un tiempo de paz, de concordia, de fraternidad… como mínimo un tiempo para fortalecer los vínculos humanos con familiares y amistades. Un momento especialmente indicado para revisar y sanear nuestras relaciones con las personas de nuestro entorno más cercano.

Y lo segundo -y creo que esto es más importante que lo anterior- es que no podemos refugiarnos en la Navidad, o en cualquier otra cosa, para vivir fuera de la realidad, evadiéndonos, autoengañándonos, y no viviendo, sino sobreviviendo. No hemos nacido para sobrevivir, sino para vivir y vivir en plenitud. Y esto significa mirar la vida de frente y en su totalidad. No vale maquillarla y camuflarla; no vale escondernos y huir; tampoco se puede mirar para otro lado y negar la realidad.

Vivir de verdad significa mirar la vida de frente y sin miedo, confiando y descansando en las personas que nos aman y a las que amamos. Asumiendo que hay dolor y sufrimiento, pero que eso no es incompatible con la felicidad.

Si tenemos una dificultad, un problema, de nada sirve negarlo o disfrazarlo. Hay que coger el todo por los cuernos y plantarle cara serenamente. Tenemos que conocer ese reto que coexiste conmigo y que es parte de mí y de mi vida. Es importante conocerlo para saber cómo tratarlo: negarlo no arregla nada, sino que lo empeora todo bastante. Conociendo los baches del camino los sortearé mejor, sabiendo dónde hay que poner los pies.

Y -una vez conocido el adversario- queda la siguiente pregunta: el problema en sí ¿tiene arreglo? ¿hay solución? Si la respuesta es “si”… pongámonos a ello con todas nuestras fuerzas; si la respuesta es “no”… entonces respiremos hondo y serenémonos. Aceptemos la vida como es y no como la soñamos y dejemos de dar coces contra el aguijón, porque sufre mucho más quien pisa las espinas de su camino, que quien las besa. Es preciso que abracemos la realidad tal como es y que lo hagamos cuanto antes y con paz. Si a eso le podemos añadir amor y alegría… ¡nos quedaría redondo!

La cuestión es no evadirse y mirar hacia otro lado y permanecer sobreviviendo entre mentiras. Me da pánico que nos podamos instalar en la mentira sutil de negar las dificultades y dolores de la vida; eso es de una mediocridad imperdonable: no hemos nacido para eso, sino para vivir y vivir de verdad, saboreando cada instante intensamente y dando lo mejor de nosotros mismos para las personas amadas y apostando por ideales elevados que nos llenen de plenitud y sentido. Ya sabeis… Año nuevo, vida nueva.

M. Olga María, cscj